El éxito de las redes que complace y preocupa a la vez a los núcleos sociales

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Una notable mayoría de los consumidores de contenidos noticiosos por Internet (68.3 %) con predominio de los jóvenes como destinatarios en República Dominicana, asiste en diferentes medidas a una competencia entre los portales exclusivamente digitales y las versiones electrónicas de los periódicos, situados estos ante la realidad de que la notable superficialidad de lo que solo llega por pantallas «vende más», es preferida por el público con cierto desdén hacia los compromisos con la verdad y el rigor de las verificaciones que caracterizan a la prensa tradicional.
A pesar de sus similitudes en reservar espacios para informaciones y opiniones de la diversidad ciudadana y proponer ser igualmente ágiles en actualizarse siguiendo al hilo el desarrollo de los hechos que atraen lectores, con frecuencia se ve a los sitios web muy atados a la inmediatez y a la ausencia de profundidad y contextualización en sus difusiones profusas y abarcadoras pero con tendencia a la fragmentación que dificulta la comprensión de los mensajes.
Con todo, esas redes sociales crecidas con captación de seguidores comienzan a ser vistas ya desde algunas cúspides de la comunicación social como la que encarna Juan Luis Cebrián, periodista y escritor español, como situadas en primera fila como constructoras de la opinión pública con serias implicaciones para la calidad de los ejercicios informativos. En sus consideraciones, hacia esas plataformas en auge no han ido a parar las premisas de «comprobar fuentes y esquivar rumores». A su juicio, ha existido por estos tiempos una confusión tremenda sobre el rol de las redes tanto en los periódicos como en los debates televisivos y radiales.
El que fuera el primer director del acreditado y profesionalmente relevante periódico El País de España ha insistido en que en esto de la comunicación social atravesada por la modernidad «el software es la nueva ley y si no se es capaz de dominarlo existe el reto enorme de no poder poner orden en el ámbito digital». Aparte, se ha resaltado la importancia que revisten las redes sociales en la cotidianidad de los dominicanos sin que existan controles sobre sus divulgaciones.
Lo que estaría significando que en naciones de mediano desarrollo como la República Dominicana «los desinformadores y estafadores disponen en el ciberespacio de más campo abierto para manipular las audiencias que en aquellos países de elevados índices de calidad educativa y de formación familiar».
Preocupaciones
La adición a lo digital en la que se puede caer -sin que esté reconocido concretamente como trastorno- puede derivarse de una afición exagerada a las pantallas de todos los tamaños, es al menos un riesgo real para la salud mental y de elevado índice en jóvenes y adolescentes: un 11.3% entre 15 y 24 años y un 33% entre 12 y 16 años lo que lleva a algunos analistas a negar que la tecnología sea una aliada del progreso sino en una amenaza a la racionalidad y el pensamiento crítico.
En conferencia dictada hace cierto tiempo el reconocido intelectual y gerente corporativo, José Mármol, sostuvo que la habilidad para manejar códigos y lenguajes tecnológicos no garantiza una comprensión profunda del lenguaje. Más bien plantea un peligro «ya que la dependencia de los medios digitales podría llevar a una desconexión de los valores fundamentales de la humanidad, las tradiciones y la cultura».
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Una de las fallas que se atribuyen a los medios estrictamente digitales, que es la de no contrastar fuentes, pareció llamar la atención recientemente del periodista Aníbal de Castro, presidente del grupo Diario Libre, que en su habitual sección del rotativo expuso que uno de los elementos clave del periodismo es la comprobación de hechos mediante más de una fuente. Expresó su criterio en un momento en que se tildaba de «comunicaciones a mano alzada» algunos contenidos de la Internet que delataban falta de compromiso con la verdad.
Sobre el periodismo que en sentido general se ejerce en la República Dominicana opinó que es «un periodismo más benévolo con los problemas, de menos profundidad, y también un periodismo que tiende hacia banalidad». Los operadores de redes sociales estarían en condición de defender las características objetables que desde la profesionalidad y la ética se alegan afirmando que sus frivolidades son reclamadas intensamente por el mercado en el que resultan favoritos. Haciendo una precisión De Castro opinó que: «en el periodismo digital no todo es malo, porque ha habido una democratización producto del libre acceso a los medios de comunicación en lo que se refiere a la prensa digital».
HERRAMIENTA CLAVE
Los algoritmos son vistos por expertos como la base de las redes sociales modernas porque determinan los contenidos a brindar al público lo que para algunos analistas supone que por sus limitaciones este recurso puede generar, en perjuicio de los usuarios, resultados sesgados, injustos y hasta perjudiciales.» Tienden a repetir y perpetuar errores de los bancos de datos si no se utilizan de manera responsable y ética».
Tras comprobaciones el medio digital BBC Mundo aseveró recientemente que «los algoritmos han revolucionado nuestras vidas, facilitando en muchos casos tareas informáticas más o menos complejas que antes tomaban mucho tiempo en resolverse, salvando vidas y organizando situaciones caóticas». Sin embargo, «también tienen un lado oscuro y no siempre el cambio que introducen es positivo, especialmente si les otorgamos demasiado control sobre la toma de ciertas decisiones».
En fin: con una impresionante automatización recopiladora , los algoritmos indagan las preferencias de millones y millones de consumidores para servirles en bandeja de plata lo que los mueve a comprar y utilizar en su vida diaria, contenidos que hacen subir ventas y que permiten manipulaciones para beneficio de sus patrocinadores. En el mundo cibernético abundan las pruebas de que los algoritmos han transformado el comercio desde librerías hasta súpermercados, prediciendo y controlando sistemas electrónicos de forma rápida y eficiente y gestionando la mayoría de las transacciones financieras.
LO BUENO, LO MALO
La amplia utilización de las redes sociales en República Dominicana lleva a juicios contradictorios en la sociedad captados, precisamente, al abrevar en la propia Internet que se presta por igual para buenos y malos usos. Por esas vías se reconoce que el acceso a información y entretenimiento genera preocupaciones por su capacidad de acentuar conflictos sociales, afectar la salud mental y dar curso a las desinformaciones.
Se admite que las redes sociales tienen de positivo que facilitan la conexión entre amigos y familiares especialmente si entre ellos existen agudas distancias territoriales con lo cual se logra compartir experiencias y mantenerse recíprocamente actualizados sobre sus vidas. Permiten además a los dominicanos crear y compartir contenidos, fomentando la creatividad y la expresión de criterios.
En algunas plataformas los dominicanos suelen encontrar comunidades de apoyo y muchos negocios y emprendimientos prosperan porque las redes sociales permiten promocionar productos y servicios. Estas tienen ampliado el acceso a información y educación. Plataformas como You Tube y blogs resultan incomparables fuentes de información valiosa sobre diversos temas, incluyendo orientaciones y posibles directrices para conservar o recuperar la salud.
Sin embargo, la desinformación y las noticias falsas son de singular poder de penetración por la Internet lo que genera preocupación porque tales difusiones pueden afectar a la opinión pública y generar conflictos. Y así como las redes conectan a las personas, también pueden llevar al aislamiento social si se utilizan en exceso como sustitutos de las interacciones cara a cara.
Es imprescindible usarlas con responsabilidad y conciencia de su impacto en núcleos sociales.
También existe un fuerte reparo social al anonimato, abundante en línea que facilitan el ciberacoso y el irrespeto con graves consecuencias para las víctimas. Está comprobado que un constante bombardeo de imágenes de «vidas perfectas» (puro bluf) que expositores no identificados se abstienen de demostrar fehacientemente puede afectar negativamente la autoestima cuando el destinatario de los mensajes se acoge a una escala de valores favorable a lo superfluo concediendo demasiado importancia a la apariencia. Hasta ahí puede llegar el contundente «efecto demostración».