En el palacio
POR MANUEL JIMÉNEZ
A nadie sorprendió la presencia en el Palacio Nacional de los presidentes del Congreso, Andrés Bautista y Alfredo Pacheco, sentados en primera línea en el acto de bienvenida al secretario general de la ONU, Kofi Annan, y que fue encabezado por el presidente Leonel Fernández. Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados, estuvo sentado justo a la izquierda del secretario Técnico de la Presidencia, Temístocles Montas. Ambos han cultivado una buena amistad, pese a las diferencias en el orden político.
Bautista, el presidente del Senado, al culminar el acto se acercó al presidente Fernández, ambos intercambiaron algunas frases, muy sonrientes, pero escuché claramente cuando el mandatario le comentó: Yo cuento con usted para la reforma constitucional. Eso viene por ahí. Bautista, reelecto senador por la provincia Espaillat, se limitó a asentir moviendo la cabeza. El salón de las Cariátides, en la tercera planta, estuvo repleto. La torrencial lluvia caída en la mañana no impidió que a la sede del gobierno concurrieran los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en el país, representantes de instituciones empresariales, eclesiásticas, de universidades y de otras organizaciones de la sociedad civil, así como miembros del Gabinete. Los periodistas acreditados ya estaban perdiendo el hábito de ver en actos de esta naturaleza al secretario de la Presidencia, Danilo Medina. Pero allí estaba, en la misma línea de asientos del presidente Fernández, la Primera Dama, Margarita Cedeño de Fernández, el secretario Kofi Annan, el canciller Morales Troncoso y el secretario Administrativo, Luis Manuel, Bonetti. Annan. El presidente Fernández resaltó en su discurso que pese a que República Dominicana figuró entre los primeros 50 Estados miembros de Naciones Unidas cuando se fundó el organismo en 1945 en San Francisco, en los 61 años transcurridos no había tenido el privilegio de recibir la visita de un secretario general.
En efecto, Annan llegó en horas de la mañana y tras reunirse con Fernández en el despacho presidencial, ambos subieron hasta el tercer piso para la ceremonia oficial.
El canciller Carlos Morales Troncoso abrió la ceremonia con un discurso en el que reconoció el buen desempeño de Annan al frente de Naciones Unidas, pero realmente entre los presentes causó buen comentario el documental preparado por la Comisión Presidencial para la Implementación de los Objetivos del Milenio que dirige John Gagain. El secretario general de la ONU pudo observar la patética realidad de pobreza que afecta segmentos de la población dominicana. No se trató de un video manejado e interesado en resaltar hechos no comprobables de erradicación de pobreza. No se le ocultó que República Dominicana presente uno de los niveles de mortalidad infantil más alto en toda la región y que pese a los esfuerzos que se realizan para mejorar las condiciones de salud, educación y medio ambiente aun tenemos un largo trecho que recorrer. Gagain expuso con bastante fluidez, pese a sus naturales limitaciones de idioma, lo que se está haciendo en materia de implementación de los objetivos del milenio, pero igualmente las dificultades presupuestarias que encara el país, sobre todo ahora, cuando los altos precios del petróleo impactan negativamente la estabilidad económica. En una parte, se expuso visualmente al secretario general como los haitianos, incluso muchas mujeres embarazadas, cruzan diariamente la frontera y el efecto que esa migración tiene sobre muchas áreas, especialmente para el control sanitario. Se le mostró el caso del hospital José María Cabral y Báez, de Santiago, donde muchas haitianas acuden a dar a luz. En lo que va de este año, según el documental presenciado por Annan, 13 mujeres han muerto de partos en ese centro asistencial, siete de ellas haitianas. Los gobiernos de todo el mundo asumieron en el año 2000 la Declaración del Milenio, en la cual se comprometieron a diseñar e implementar medidas para bajar a la mitad los actuales niveles de pobreza para el año 2015. Este país, según dijo Annan, está sirviendo de modelo en la aplicación de este programa, pero reconoce que otras naciones no podrán cumplir esta meta si no agilizan sus esfuerzos y su alianza con las naciones desarrolladas. De seguro, que en su reciente visita a Haití pudo percatarse de que se trata de un país, cuyas dramáticas limitaciones no lo colocan si quiera en la posibilidad de poder arrancar para el cumplimiento de estos objetivos.