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Escritores elevaron su voz en un enérgico “Mar de Palabras”

Flavio Darío Espinal, Denise Dresser, Alberto Barrera Tyska y    John Feeley durante el primer panel.

Flavio Darío Espinal, Denise Dresser, Alberto Barrera Tyska y John Feeley durante el primer panel.

Marien Aristy Capitán
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Con la pluma estacionada, usaron su voz. Sin personajes ficticios ni historias creadas, hablaron sobre la literatura, la vida y las emociones pero también sobre temas mucho más terrenales como la geopolítica, Donald Trump, la democracia, el autoritarismo, la desinformación y el turismo masivo como motor de la involución cultural.

Hablando para dar vida a un “Mar de Palabras”, el festival literario en el que participaban, los expositores mostraron una pizca de lo que se esconde detrás de los lomos de sus libros.

Era la primera jornada del encuentro literario que se realizó durante el fin de semana en el hotel Kimpton y ellos, con una audiencia maravillada al escucharles, lograron dar rienda suelta a la esencia del festival: que la literatura del país “se enriquezca a partir de un diálogo e interacción con otras manifestaciones literarias y autores que nos visitan, al tiempo que estos tengan la oportunidad de conocernos y descubrir nuestra pasión y nuestra vocación”.

La cita es de la escritora Minerva del Risco, presidenta de la Fundación René del Risco Bermúdez y directora general de Mar de Palabras, quien explicó que el festival recrea los encuentros que se hacían en el siglo XIX cuando el hotel era la Casa San Pedro, un lugar donde confluían escritores, artistas, políticos y pensadores para debatir ideas y compartir con intensidad el poder de la palabra, el arte y el pensamiento.

La fragilidad democrática

El primer panel, “América Latina: entre la fragilidad democrática y las nuevas formas de autoritarismo”, reunió al exdiplomático John Feeley (Estados Unidos), la analista política Denise Dresser (México) y el jurista Flavio Darío Espinal (RD), quienes debatieron con el escritor Alberto Barrera Tyska (Venezuela).

Dresser inició la conversación lamentando que el mundo esté viviendo tiempos oscuros en los que el término de la democracia se cuestiona y surgen autoritarismos populistas de izquierda o derechas que se “llaman así mismos” democracias pero retroceden en derechos humanos, libertad de expresión, gobierno civil y elecciones limpias y libres, a través de leyes aprobadas por gobiernos con legitimidad electoral.
“Esa es la gran paradoja de nuestro tiempo: cómo están construyéndose a lo largo del mundo ‘democracias’ que en realidad son autocracias votadas”, es decir, que la voluntad popular está trayendo de regreso formas de gobierno que se pensaban superadas. Y agregó: “la democracia está muriendo con un estruendoso aplauso popular”.

Posteriormente, Feeley recordó que los diplomáticos de los Estados Unidos eran promotores de la democracia en América Latina. Hoy día eso no existe: muchos americanos están “amedrentados” y “con pavor” porque hay “un avance, un asalto directo en contra de la democracia”.

Explicando el porqué de lo que ha sucedido, Espinal señaló que las democracias surgieron en medio de crisis económicas, por lo que no pudieron responder a las demandas de la sociedad y eso creó una tensión entre las instituciones de representación política y la sociedad. Como los estados latinoamericanos han sido muy débiles, apuntó, han emergido los populismos y los discursos mesiánicos.

Con gente desamparada, sin un Estado que ofrezca los servicios públicos, proteja y resuelva problemas como la criminalidad y la inseguridad pública, agregó, surgen las respuestas autoritarias al estilo Bukele que tienen aceptación.

Dresser lo resumió afirmando que si la democracia no funciona, ni produce beneficios materiales, no mejora el nivel de vida, no trae movilidad social ni es representativa se convierte en terreno fértil para líderes antisistémicos que capitalizan el descontento montándose sobre el agravio e instrumentalizando un lenguaje muy popular.

Parafraseando a Steven Levitsky, dijo que para saber si una democracia está muriendo solo hay que ver si ser disidente, crítico u opositor se vuelve imposible, riesgoso, tiene costos muy altos o hace que te califiquen de enemigo del pueblo o traidor a la patria, a la transformación o a la verdadera democracia.
¿Cómo hacer que la gente entienda esto? Feeley pidió los escritores escribir llano para que el mensaje llegue y contrarrestar los discursos resentidos que dibujan a los inmigrantes o la comunidad LGBT como enemigos a vencer.

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El caribe no es una postal

“Cuando el Caribe no es una postal” quedó trunco porque los escritores cubanos Carlos Alvarez y Mayra Montero no pudieron asistir, dejando a Soledad Alvarez (RD) como protagonista de un panel en el que Juan Villorio (México) fue colocado como bateador emergente y sazonó la conversación que guió Camilo Hoyos (Colombia).

Alvarez resaltó que los dominicanos de derechas, tradicionales, ven a República Dominicana como media isla para olvidar esa “otra parte” que no quieren mirar: Haití, un país cuya cultura y espacios ignoramos. “Los dominicanos tenemos el concepto de isla muy problematizado”.

Adelantó que ese será el tema de su nuevo libro para “estrujárselo en la cara”.

Tras recordar que el país desconoce a las otras islas del Caribe, Alvarez se quejó de la involución que ha representado el turismo masivo para la cultura local: “el turismo nos está transformando y no para bien”.
Alvarez terminó leyendo su último poema en el que desmonta la imagen paradisíaca y de postal de una isla que sufre por los embates del turismo. Hermoso, fue muy aplaudido.

En el caso de Villorio dijo que el Caribe mexicano se percibe como la orilla, el límite del país, y señaló que la isla como concepto es un espacio de salvación pero también de aislamiento y torturas, así como de objeto del deseo y fascinación. En la literatura, recordó, hay toda clase de islas.

Sobre tiempos inciertos

Ante la realidad actual, el panel “La literatura como brújula ante tiempos inciertos” fue un llamado a la conciencia en el que Junot Díaz (RD) y Juan Gabriel Vásquez (Colombia) dialogaron con Claudia Neira Bermúdez (Nicaragua) sobre la vida, los libros y el desafío de leer las obras de algunos autores.

Para Díaz, que se confesó hijo de un militar trujillista/balaguerista con el que se sentaba a cenar después que había torturado a otros seres humanos, en los países traumados como este el arte surge para lidiar con las cosas que no se pueden olvidar pero tampoco decir y los escritores son los que buscar cómo decirlas.

En el mismo tenor, Vásquez cree que la literatura funciona mejor cuando cuenta aquello que callan el relato político, el periodismo y lo que interpretan los ciudadanos: la ficción ha de narrar el otro lado de las cosas, “lo invisible de una realidad visible”.

Al contar que vio una detención en el super en Estados Unidos, Díaz dijo que es difícil entender bien lo que pasa porque hay mucho miedo y desinformación. Tras reconocer que está muy marcado pidió que cada quien juegue su papel e invitó a buscar cosas que reconstituyan como los libros, películas, la fe y los encuentros con amigos.

Vásquez coincidió en que son tiempos convulsos que desgastan y quitan capas de humanidad, así que también dijo que debemos reconstruirnos a través de la lectura como una especie de resistencia ante horrores como la guerra transmitida en directo. “Tenemos que ser resistentes contra las fuerzas que nos deshumanizan”. Leer, salva.

Sobre el autor
Marien Aristy Capitán

Marien Aristy Capitán

Jefa de Redacción del periódico Hoy desde septiembre del año 2007. Periodista con 31 años de ejercicio.

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