Estado desprotege a padres de niños con trastornos mentales
Todavía los niños con afecciones mentales son escondidos, negados y hasta amarrados, tratados como una vergüenza por la familia, vejados en el seno que debe protegerlos. Fomenta esta paradoja la ausencia de acompañamiento estatal que proteja y oriente sobre esas patologías, más en los estratos sociales con mayor pobreza y con escaso acceso a consultas, a escolaridad.
Influye en el comportamiento de los progenitores el desconocimiento de las enfermedades, el poco apoyo de los parientes, con frecuencia burlones, crueles, las carencias económicas, el afán del día a día y el rechazo de una sociedad que margina a los que no considera “normales”.
El sicólogo Enoc Gutiérrez Lucas narra una realidad que remite al oscurantismo más abyecto, padres y madres que lamentan haber tenido a ese hijo “loco” que le da problemas, que les impide trabajar porque deben cuidarlo, con el que nadie quiere jugar, que no aceptan en la escuela y entonces vuelcan su rabia, lo golpean, lo humillan.
“Visto así parece que estamos ante monstruos. Sin embargo, todos son víctimas de la falta de herramientas ¿Y quién queda como responsable? la persona más vulnerable, la que más comprensión necesita”, deplora.
Deficiencia estatal
El especialista lamenta la nulidad de programas públicos para formar, para dotar de herramientas.
sueña con una escuela de papás con terapia continúa, en la que puedan socializar con otros, que posean el conocimiento para formar una hermandad y replicar lo aprendido en el hogar y en la comunidad, crezca el respeto y tengan contacto fuera de los consultorios.
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Sin derecho a terapia
Sobre las consultas, Gutiérrez Lucas denuncia la falta de sicólogos y siquiatras en el sistema estatal, y los pocos de los que dispone están más concentrados en el Gran Santo Domingo y en las provincias del Cibao y aún en esos lugares, conseguir cita es una tortura, encima para consultar hay que aguardar hasta ocho horas.
Alerta que esta espera pone ansiosos a los niños y adolescentes y representa que el acompañante pida permiso en el trabajo para pasar el día ahí, gasto en comida, viajar distancias largas y a veces no acuden por falta de pasaje.