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La respuesta a la agropecuaria

IDIAF: investigación y tecnología al servicio del campo dominicano

A más de dos décadas de operación, el organismo enfrenta algunos retos con el financiamiento mientras adapta la agricultura a nuevas condiciones climáticas

El Idiaf cuenta con 21 estaciones experimentales  en el territorio nacional.

El Idiaf cuenta con 21 estaciones experimentales en el territorio nacional.

Hainan Reynoso Uribe
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El doctor Eladio Arnaud Santana define en una sola palabra la esencia del Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (Idiaf): “respuesta”.

Esa es, según explica, la razón de ser de una entidad que, aunque fue concebida en 1985 bajo el nombre de Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA), no fue sino hasta el año 2000 cuando adquirió vida operativa real mediante decreto presidencial.

“El país necesitaba una institución enfocada exclusivamente en generar conocimiento y tecnología para el sector agropecuario”, afirma Arnaud, al explicar que la investigación agrícola requiere independencia técnica y continuidad, lejos de las limitaciones operativas de los organismos tradicionales.

La creación formal del instituto que dirige respondió a la necesidad estructural de organizar la generación de conocimiento en un sector altamente vulnerable a las variaciones climáticas y a los cambios en plagas, enfermedades y condiciones productivas.

“Antes hacía falta todo. Y todavía sigue haciendo falta”, reconoce el director, al señalar que la agricultura es uno de los sistemas más impactados por las alteraciones en los patrones climáticos.

Más que hablar de “cambio climático”, Arnaud prefiere referirse a “variaciones climáticas”, que han obligado a replantear prácticas agrícolas, calendarios de siembra y variedades de cultivos.

Como ejemplo, menciona el caso de las habichuelas, variedades que durante décadas sostuvieron la producción nacional han quedado rezagadas frente a nuevas condiciones ambientales, lo que ha obligado al desarrollo de nuevas semillas adaptadas.

Una estructura descentralizada

El Idiaf opera como un organismo descentralizado adscrito al Ministerio de Agricultura, pero articulado dentro de un sistema más amplio que incluye universidades, sector privado y organismos públicos.

Cuenta con una sede central y cuatro centros regionales: Norte (La Vega), Sur (San Juan), Producción Animal (Pedro Brand) y Tecnología (Pantoja). A esto se suman 21 estaciones experimentales distribuidas en el territorio nacional, de las cuales actualmente gestiona 16.

“La ejecución científica no ocurre en las oficinas, sino en las estaciones experimentales”, explica Santana. “Ahí es donde se desarrollan las respuestas que demanda el campo”.

En paralelo, el instituto ha fortalecido su capacidad tecnológica con laboratorios especializados. Entre los proyectos recientes destaca la construcción de un laboratorio de cultivo de tejidos en Constanza, orientado a la producción local de semillas de papa, lo que podría reducir importaciones valoradas en hasta cuatro millones de dólares anuales.

Asimismo, la entidad impulsa el uso de biocontroladores para el manejo de plagas, en respuesta a la creciente demanda de alimentos más saludables y sostenibles.

La respuesta de la ciencia

El enfoque del Idiaf se resume en un modelo práctico que responde tres preguntas fundamentales a los productores. “Primero, qué está pasando. Segundo, qué hacer. Y tercero, cómo hacerlo”, explica el director. Esta última, advierte, es la más crítica. “Muchos saben decir qué hacer, pero no cómo hacerlo. Y ahí es donde se pierde el productor”.

Recursos limitados, demandas crecientes

A pesar de su rol estratégico, el instituto enfrenta limitaciones presupuestarias significativas.

Su asignación anual ronda los 341 millones de pesos, de los cuales aproximadamente el 84 % se destina a gastos operativos, como nómina y mantenimiento.

Esto deja un margen reducido para financiar investigaciones propias, lo que obliga a la institución a depender en gran medida de fondos externos provenientes de organismos internacionales o convocatorias específicas.

“El financiamiento no es suficiente”, admite Santana. “Tenemos el conocimiento y el personal, pero no siempre los recursos para responder a todas las demandas”.

Actualmente, el Idiaf cuenta con unos 97 investigadores, una cifra que el director considera insuficiente frente a los desafíos crecientes del sector.

Un sistema en evolución

La creación del Sistema Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (Siniaf) en el año 2012 consolidó el rol del Idiaf como ejecutor de políticas públicas en materia de investigación, bajo la dirección estratégica del Consejo Nacional del Área.

Sin embargo, el reto sigue siendo generar respuestas oportunas en un entorno cambiante.

“Las soluciones que funcionaban hace 20 años ya no son las mismas”, señala Santana. “Esto es un proceso continuo de adaptación”.

Y en ese proceso, el Idiaf busca mantenerse como el laboratorio donde se construyen —o se intentan construir— las respuestas que el campo dominicano sigue demandando.

Sobre el autor
Hainan Reynoso Uribe

Hainan Reynoso Uribe

| Periodista con casi 27 años de experiencia. Licenciada en Comunicación Social con maestría en Ciencias Políticas para el Desarrollo Democrático. Correctora de estilo, locutora, maestra de ceremonias. Guardiana de la Verdad.

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