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La fotografía comprometida de Fausto Ortiz

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Nadie negaría que la ciudad de Santiago ha sido el centro principal del desarrollo fotográfico dominicano como portadora de raíces y afirmación cultural. Primero, fue en blanco y negro; luego adoptó el color. Siempre equiparó la visión tradicional y la experimental, y, hoy, el Centro León puede considerarse custodia de aquella primacía.

Tres personalidades esenciales han ilustrado, nacional e internacionalmente, este dominio: Wifredo García, Apeco y Domingo Batista. En cuanto a grupos fotográficos, la “Ciudad Corazón” ha tenido también la preeminencia, con “Jueves 68” y sus ocho miembros, que impusieron, a nivel colectivo e individual, no solo una estética, sino contenido y expresividad.

Y, aun cuando el florecimiento de la fotografía se ha vuelto patrimonio del país entero, Santiago conserva una calidad muy reconocida.

Fausto Ortiz, que actualmente presenta en la Alianza Francesa de Santo Domingo una exposición magnífica, alarmante y alarmada, se adhirió al Grupo Fotográfico de Santiago en 1998.

Amable López Meléndez, en un análisis acucioso, pondera al respecto que “su relación no fue la de un simple militante de un arte que atrapa el instante (…)”, y luego lo celebra como “autor consistente y artista en “estado de sitio” que no se deja amansar por pautas críticas y galeristas; tampoco por razones de complacencia, excepto la suya, que celebramos por honesta y recusatoria”.

Las fotografías de “Punto de fuga”, ahora expuestas, demuestran que, habiendo transcurrido diez años y más, Fausto Ortiz ha conservado felizmente su reto cualitativo y que agudizó su compromiso, cual un clamor visual ante la depredación de la naturaleza, el asesinato de los árboles y, en general, el aniquilamiento de la vida.

Ahora bien, si anteriormente la lectura profunda de la siempre dramática obra de Fausto Ortiz se hacía a través de metáforas – etapa de los maniquíes–, de transgresiones –máscaras del carnaval– o de proyecciones espaciales –sombras de cuerpos–, hoy, sus fotografías provocan una sensibilización inmediata. Son tanto más sobrecogedoras, por su autenticidad directa, por los atentados que ellas enuncian y denuncian.

¡Ojalá estas imágenes impresionantes nos choquen, aunque prácticamente podemos hacer muy poco! Las frases introductorias de Patrick Landry y su explicación del título en francés (“Point de fuite”, un título, dos enfoques) son elocuentes.

La exposición. La Galería de la Alianza Francesa despliega la exposición en dos grandes espacios, el primero una sala en “L”, en cuyas paredes se montaron las fotografías, y el segundo, inesperado y a descubrir, con una instalación, aunando formas y volumen, luz y sombra, materialidad e ilusión. Esta construcción, “real-maravillosa”, ha sido distinguida en el Concurso Eduardo León Jimenes del año 2016.

Si ciertamente Fausto Ortiz, con su excelente dominio técnico, puede manipular imágenes e introducir grafismos –solamente y siempre para reforzar el impacto–, consideramos aquí su fotografía como documentalista y militante. El tema lo requiere, si no lo impone, para que el espectador reaccione, se indigne y recuerde. La belleza intrínseca pasa al olvido, la emoción ante un desastre anunciado perdura.

El fotógrafo capta la destrucción, a la vez paulatina y violenta, de la naturaleza en la República Dominicana, del campo a la ciudad, del monte a la laguna, del delito escondido a la alteración en pleno día, de la contaminación a la exterminación, y no dejará de sorprender que muchas de las tomas se hicieran en Baní.

El suelo, la vegetación, los animales, se atormentan, sufren y van desapareciendo. “Una imagen vale más que cien palabras: que nos disculpen usar ese clisé, pero al respecto no hay una expresión más verdadera para las fotos de Fausto Ortiz. La emoción estética sigue presente por la composición, los matices (con excepción de dos, el blanco y negro impera), la sensación de distancia, en fin, la seducción visual… que refuerza el efecto conceptual.

Cabe señalar que la muestra se abre con un esplendor idílico de agua y verdor, pero, de inmediato, un tronco, gigante y lacerado, sin embargo de colores “bidosianos”, azul y mamey, es ya portavoz de lo que vamos a descubrir.

Nuetstra emoción se va agudizando, hasta un bienvenido malestar ante tantos horrores.

Los troncos se trinchan, se desmenuzan, se amontonan, listos para la hoguera del carbón. Inmundos letreros se pegan sobre los cuerpos mutilados de los árboles, recordando torturas infligidas en dictaduras, o advertencias por la seudo protección del medio ambiente que se colocan en la maleza. ¿Para qué y quiénes será la “precaución”?

Las aguas escasas y sucias se estancan, inhóspitas excepto para bacterias indeseables. Y Fausto Ortiz va señalando, gráficamente, la desertificación paulatina, la involuntaria agresividad de las rocas, y cómo la superficie de nuestra Tierra se va aproximando a aquella de la Luna… ¡Que las fotografías adopten el formato de polípticos o un cuadro único, el mensaje no cambia!

Fausto enseña, advierte, concientiza, sabiendo que sus imágenes probablemente no pasen de ser una voz clamando en el desierto que los hombres van procreando, ignorantes o indiferentes ante el futuro oscuro de sus hijos.

La exposición se presentó en el Centro de Convenciones y Cultura Utesa en Santiago y ahora en la Alianza Francesa de Santo Domingo. Debería seguir su periplo por el país, y que los escolares la visiten… “Punto de fuga” es una serie de mensajes necesaria, contundente, formidable, que el fotógrafo y artista Fausto Ortiz nos dirige a todos.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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