La Nueva Agricultura

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El ensayo “La Nueva Agricultura”, que publicamos recientemente, es un análisis profundo e imparcial del sector agropecuario, de donde parte una propuesta integral y amplia.
Es una estrategia enfocada al aprovechamiento máximo de los recursos naturales, al igual que de la capacidad de los experimentados profesionales y la pericia natural de nuestros productores.
Se trata de un impulso moderno, obligado a tener como ejes esenciales a todos los productores, sin distinción, y a la reforma agraria, que apenas tiene el 45% de la superficie asentada, y que aglutina parte de las mejores tierras del país.
La idea es colocar la agricultura nuestra en el primer nivel de la economía, acorde con los suelos de elevada calidad y diversas altitudes, climas y vientos excepcionales, ubicación geográfica estratégica, recursos humanos experimentados, agua suficiente y oportuna hora luz, entre otras cualidades, que nos permiten el lujo de cultivar en todo el año y competir exitosamente en cualquier mercado foráneo.
“La Nueva Agricultura” enfoca un modelo basado en la investigación, extensión puntual, organización campesina, capacitación y divulgación técnica, financiamiento adecuado y titulación que valoricen los predios, almacenamiento, transportes propios, y agroindustrialización.
Estaríamos garantizando mayores rendimientos y mejores calidades de los productos, al aprovechar el potencial agropecuario y forestal -Subutilizado-, con el fin de retornar a un Producto Interno Bruto (PIB) de dos dígitos.
La única vía de triunfar frente a la inminente liberalización total que impondrá el DR-CAFTA, es hacer al país competitivo en el mercado externo, en todos los rubros, provocando el desarrollo de las comunidades rurales a partir de la creación de riquezas, empleos y de precios que sostengan la rentabilidad al productor.
Esos recursos que posee la agricultura, son capaces de triplicar el aporte que ahora hacen a la economía, pues todavía la superficie cultivable dominicana supera los 18 millones de tareas.
De ahí que necesitamos contar con nuevas tecnologías y una asistencia efectiva, con productores organizados, maquinarias e implementos, labores culturales novedosas, adquisición de insumos, buena comunicación vial, almacenamientos y procesamiento, y una subvención económica dirigida para tales fines.
De manera que es oportuno y posible poner en práctica un plan de desarrollo agropecuario y forestal, extendido más allá de los períodos gubernamentales, orientado por los postulados de la ley Orgánica de la Estrategia Nacional de Desarrollo (END).
Y que sea de consenso.
Porque urge la creación de más riquezas y, con facilidad, únicamente el sector agropecuario puede hacerlo; para así contar con nuevas divisas, con lo que continuaríamos mejorando la salud, la educación, el medio ambiente, las infraestructuras viales, la alimentación, etc. y bajando la deuda externa con relación al PIB.
En este sentido, tenemos el precedente de que en el año 1977 el país logró un 20.1% de participación en el PIB. Ahora ronda casi el 5%; y de un promedio general de 13.44% entre el 1965 y el 2019, disminuyó al promedio de 6.06% en los últimos 20 años.
El nuevo plan que propone “La Nueva Agricultura” vendría a construir un sistema para alcanzar el máximo desarrollo productivo y de bienestar rural, colocando al campo como un sector dinamizador de la economía nacional.
Donde se incorpore aún más a la Mujer y la Juventud y se equilibre la Balanza Comercial Agropecuaria.
Estamos, pues, ante la posibilidad de dar un salto económico y social a partir de una explotación científica de la tierra, los climas, agua, y demás recursos naturales del país.
Y aunque solamente se irrigan 4,948,352 tareas de tierra, existen proyectos técnicos viables para agregar al riego, en breve plazo, 3,916,645 tareas de tierra, de manera que elevaríamos el área de riego a 8,864,997 tareas, en una ruta que pudiera llegar a beneficiar con el agua a casi la totalidad de la tierra.
Rescatando normas esenciales como la práctica de la zonificación. Al igual que la rotación de cultivos.
Colocar un técnico en cada una de las 1,259 áreas, con una oficina-agencia de desarrollo, creando un efectivo servicio de mecanización, con las maquinarias de lugar.
Afortunadamente, ya las grandes naciones han logrado buenas maquinarias para propiedades medianas y pequeñas, con métodos y técnicas exitosas, con las cuales podemos competir efectivamente.
En el trayecto de una agricultura avanzada, garantizar los materiales de siembra, semillas de calidad, certificadas, cultivadas específicamente para esos fines, en la misma región donde se utilice y con las tecnologías que garanticen simientes de elevados poder germinativos, de alta productividad, calidad y ciclo de producción reducidos.
Tras la aplicación de un sistema moderno de labores culturales y alcanzadas buenas cosechas, es necesario contar, en cada área, con un centro de acopio donde se puedan proteger los insumos y a los fines de la agroindustrialización.
Multiplicando la producción en invernaderos, de rubros orgánicos y cultivos tradicionales, con el propósito de elevar las exportaciones.
Y ampliar el fomento de rubros de consumo local en nuevas áreas, con más calidad y rendimientos, ya que debemos reducir el costo de la canasta alimenticia al consumidor dominicano, para lo cual son imprescindibles mayores recursos al sector agropecuario, parte de estos directamente al financiamiento.
Planteamos, en consecuencia, poner a producir en forma intensiva tierras que permanecen baldías y otras muy sub-utilizadas.