Espiritualidad
Monseñor Castro Marte alerta sobre vacío social
Dice que una sociedad no se derrumba de un día para otro, sino que se va apagando cuando pierde el sentido de Dios, cuando relativiza la verdad y olvida la dignidad de la persona.

Monseñor Jesús Castro Marte.
El obispo de Nuestra Señora de la Altagracia, Monseñor Jesús Castro Marte, llamó a reflexionar sobre la situación que vive la sociedad y las que se generan por el vacío espiritual y cultural, por lo que pidió buscar apoyo de Dios.
En el artículo “Una sociedad en declive: el vacío espiritual y cultural que nos afecta a todos”, Marte indica que “cuando observamos atentamente nuestra realidad contemporánea, descubrimos que vivimos en medio de un declive silencioso, un desgaste paulatino de lo que sostiene la vida humana en su dimensión más profunda”.
Estima que no se trata simplemente de indicadores sociales o económicos, sino de algo más hondo, que es el deterioro del corazón, la conciencia, de lo que permite a una sociedad mantenerse en pie y caminar hacia la plenitud.
Afirma que una sociedad no se derrumba de un día para otro, que se va apagando cuando pierde el sentido de Dios, relativiza la verdad y olvida la dignidad sagrada de cada persona.
Estima que ese declive en los valores se expresa en múltiples formas, entre las que citó: agresividad creciente, superficialidad, individualismo que asfixia la fraternidad, así como en la incapacidad de escuchar y dialogar sin herir.
“Se manifiesta también en la desorientación de tantos jóvenes que, aun teniendo acceso a oportunidades que antes parecían inalcanzables, experimentan un vacío interior que ninguna pantalla puede llenar”, sostuvo Castro.
En ese orden, expresa que “vemos familias fracturadas, no necesariamente por falta de amor, sino, por la imposibilidad de encontrar un ritmo espiritual que sostenga la convivencia, vemos adultos que, sumergidos en el ruido constante, han olvidado la importancia del silencio interior, ese espacio donde Dios habla y donde la vida recupera su centro”.
Agrega que, sin embargo, como pastor de la Iglesia, “no puedo detenerme en un análisis pesimista”.
Señala que la fe “nos permite leer la historia con una luz que trasciende los acontecimientos inmediatos: allí donde el declive parece avanzar, la gracia de Dios está preparando un nuevo amanecer”.
Castro Marte afirma que cada crisis es también una invitación y cada oscuridad un umbral que llama a despertar. “El Señor nunca abandona a su pueblo y cuando todo parece desordenarse, Él nos impulsa a recuperar lo esencial, a regresar a la fuente, a redescubrir aquello que da estabilidad y sentido a la vida”.
Añade que, “por eso, ante esta sociedad que parece decaída, la Iglesia no responde con miedo, sino, con esperanza activa”.
Afirma que es tiempo de reconstruir el corazón humano, educar nuevamente la sensibilidad hacia el bien, sanar la mirada para reconocer en cada persona un hermano y no un rival.
El prelado considera que es necesario recuperar la grandeza del amor auténtico, la alegría de servir a los demás sin buscar recompensa y la responsabilidad de construir juntos un futuro más humano.
“No podemos permitir que la indiferencia se normalice, ni que la desesperanza se vuelva costumbre. El verdadero cambio comienza en el interior. Ninguna transformación social será estable, si no parte de una conversión profunda del alma”, afirmó.
Indica el prelado que cuando el ser humano vuelve a Dios, reordena sus prioridades, renueva su conciencia y la vida moral, por lo que la sociedad empieza a sanar, porque la fe no es un accesorio, es la luz que orienta y la verdad no es un capricho, es el cimiento que sostiene la libertad; la caridad es la fuerza que reconstruye lo que está herido y disperso.
El País
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