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Nuevo Domingo Savio: vivir sin dar la espalda al río Ozama

La imagen muestra una vista aérea de una parte del entorno del Nuevo Domingo Savio que, pese a la intervención, subyace el impacto directo al Ozama. Cortesía/ Marcos Reyes Heredia

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Durante décadas, las márgenes del río Ozama, en Santo Domingo, fueron sinónimo de exclusión, contaminación y olvido. Asentamientos humanos como La Ciénaga, Los Guandules y Las Lilas crecieron a la orilla y en el río, sobre un colchón de precariedades, desprovistos de servicios básicos, con calles y callejones intransitables, viviendas vulnerables y sin acceso formal a infraestructura urbana.

Varias gestiones de Gobierno han enfatizado en minimizar el impacto urbano: Joaquín Balaguer, con la construcción de la urbanización Las Caobas, destinada a residentes de La Ciénaga; Danilo Medina, con La Nueva Barquita y Luis Abinader, a través de Nuevo Domingo Savio.

La urbanización espontánea, nacida de la necesidad, ha convertido al Ozama en el traspatio de la capital dominicana: el lugar donde se arroja la basura, el Estado no llega por completo y la vida se sostiene a duras penas, de espaldas a ese vital cuerpo de agua.

El proyecto Nuevo Domingo Savio marca un antes y un después en esa realidad, tanto para pobladores, como para la fuente fluvial.

Pero continúa latente el problema de los desechos que, aunque los camiones recolectores pasan por la avenida Paseo del Río del lugar, las angostas calles adyacentes impiden que el aseo se produzca de manera completa.

Sin recurrir al desalojo masivo, el Estado, a través de la Unidad para la Readecuación de Barrios y Entornos (URBE), emprendió una ambiciosa intervención en el sitio para transformar los barrios ribereños de La Ciénaga y Los Guandules, sin romper el tejido social, comenta Rocío Vidal, directora ejecutiva de la entidad.

Refiere el desarrollo de El Paseo del Río, una amplia avenida que da la bienvenida al sector, parques, iluminación, centros deportivos, manejo de residuos y tratamiento de aguas residuales e indica que se sumaron a una estrategia más profunda: cambiar la relación entre la comunidad, el río y su entorno.

“El resultado no ha sido solo físico, sino cultural y simbólico. La comunidad ya no ve al Ozama como un vertedero, lo observa como un espacio de vida. Ese cambio de mentalidad es el mayor triunfo”, manifiesta con satisfacción, mientras argumenta que la experiencia se expande ahora hacia nuevos territorios como Las Lilas, en Los Tres Brazos.

Vidal indica que la intervención del Nuevo Domingo Savio supuso un tipo de desafío: intervenir sin desplazar. Explica que, en La Ciénaga y Los Guandules, en plena margen occidental del Ozama, vivían más de 44,000 personas en condiciones de hacinamiento, pobreza, alto riesgo y, sobre todo, lanzando todos los desechos al cauce.

La basura sigue siendo un reto

Aunque el manejo de residuos sigue siendo un reto, Rocío Vidal afirma que se ha reducido drásticamente el vertido directo. “Muchas viviendas vulnerables fueron retiradas, se han implementado rutas de recolección con contenedores estratégicos y URBE ha trabajado de la mano con la alcaldía del Distrito Nacional y la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd) para crear soluciones interinstitucionales”.

“Es importante entender que aquí hay muchas capas: el problema de las aguas residuales es uno y el de la basura es otro. Y ambos requieren soluciones técnicas y sociales”, puntualiza. En ese sentido, dice que se han construido soluciones descentralizadas, como sistemas sépticos en puntos clave, como son las canalizaciones de las cañadas enclavadas en el sector.

Densidad poblacional

De su lado, Agustín Balbi, otro profesional de la arquitectura que forma parte de URBE, expresa que la densidad poblacional, compleja topografía y fragilidad de las viviendas hacían inviable una reubicación masiva. Se optó por una intervención integral “en sitio”, respetando la vida comunitaria y dotando al barrio de una nueva infraestructura urbana”, precisa.

En tanto que Damilka Pichardo, también del equipo URBE, resalta que la transformación más evidente ha sido la apertura del frente del río, al precisar que el lugar que antes era el fondo, donde se tiraba la basura, ahora es el malecón del barrio.

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Rossanna Figueroa

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