Resignificar el rol de las familias en la Escuela

Elisa Elena G
POR: ELISA ELENA G
El pasado 17 de marzo, al sistema educativo le cambiaron los planes; y es que debido a la circulación comunitaria del COVID-19, en todo el territorio nacional se declaró Estado de Emergencia, decisión que trastocó el devenir educativo del pasado año escolar 2019-2020.
Sabemos por los datos que nos ofreció el Ministerio de Educación, que al momento del cese de las jornadas educativas presenciales, nos encontrábamos con un 70% del currículo escolar implementado, y que en la implementación del otro 30% restante, cada centro educativo, cada docente y familia, hizo un esfuerzo encomiable para culminar el año como pudo.
Con el paso de los días, nos encontramos aún en la misma situación sanitaria y a puertas de un nuevo año, en el que como país tenemos un reto inmenso, sobretodo porque tenemos como epicentro el desafío –ese que se va tornando cada vez más complejo, en la medida, en que se van agudizando los niveles de vulnerabilidad social- de que los estudiantes, en especial los niños, niñas y adolescentes, cuenten con condiciones técnicas, entornos dispuestos para el aprendizaje y un núcleo familiar-social, que les apoye y acompañe -en positivo- en cada paso del proceso de aprendizaje.
Pero si bien preparamos para este nuevo año es un desafío mayúsculo, también es una oportunidad única para que socialmente hagamos un replanteamiento del binomio “familia-escuela” y repensemos el rol que tienen los padres, madres y tutores en el éxito de la labor misional del quehacer educativo “el que sus hijos e hijas aprendan”.
Esta situación nos da espacio para que, sin traumas, ni culpas, sin rencores, pasemos página y retomemos un camino perdido, ese en el que la percepción de que “la educación es responsabilidad exclusiva de los docentes y los gestores de centros” no existía.
Nos merecemos rescatar la mejor etapa de las Asociaciones de Padres, Madres y Amigos de las Escuelas, y volver a recrear espacios para que juntos reivindiquemos el constructo social “comunidad educativa”. Estamos en un muy buen momento para renovar el interés de las familias, para trabajar de la mano con los equipos de gestión y docentes de cada centro educativo, de que colaborativamente busquemos soluciones creativas y viables, adaptadas a cada contexto social en que se encuentra enclavada la escuela.
Es posible que las familias y las escuelas se colaboren solidariamente y agencien tanto a nivel social y como a nivel comunitario espacios sanos y plausibles en que los niños, niñas y adolescentes cuenten con apoyo, seguimiento y supervisión.
¡Volvamos sobre nuestros pasos!, reconstruyamos ese espejo en que tanto la escuela como las familias nos miramos mutuamente, propiciemos un cambio de identidad que genere compromiso, entusiasmo, cercanía y voluntad para integrarnos y ser parte de las soluciones que necesitamos en la escuela.