Guardianes de la verdad El País
HOY DIGITAL
Publicado por

Creado:

Actualizado:

El modelo económico del presidente Joaquín Balaguer de 1966 se fundamentó, entre otros factores, en mantener una empleomanía abundante pero mal pagada.

Tanto para el sector público como para el sector privado, y de paso prohibió las huelgas para que los obreros y empleados no pudieran reclamar el ingreso al que tenían derecho.

No fueron estos actos inocentes, sino mecanismos para permitir que el Estado y el sector privado acumularan capital para financiar sus obras y proyectos empresariales.

Estos últimos nunca se dieron cuenta que esas medidas llevaban dentro un germen que a ellos les haría mucho daño, uno que impedía la emergencia de un mercado de compradores.

Así se mantuvo hasta 1978, razón por la cual Antonio Guzmán Fernández tuvo que hacer caso a las recomendaciones del Banco Mundial y disponer, casi al inicio mismo de su gestión y pese a la falta de recursos de entonces, un aumento general de salarios que incluyó a los jubilados y pensionados.

Posteriormente fue necesario otro aumento porque el primero resultó insuficiente para cubrir el presupuesto familiar.

Paradójicamente, el empresariado organizado no entendió el sentido de estas medidas y las atacó.

Nunca comprendieron lo que abiertamente ha dicho un connotado empresario dominicano, que los recursos de los aumentos salariales regresan a los empresarios porque estos son los que fabrican, importan y venden los bienes y servicios que los obreros y empleados compran.

Los gobiernos del PLD asumieron otro modelo, el de los salarios altos para una élite burocrática que estaba integrada por su dirigencia y allegados a lo largo de todo el país. Entonces empezamos a ver los sueldos de 100 mil, 200 mil, 300 mil, 400 mil, 500 mil, 600 mil y siguieron hasta rondar el millón de pesos al mes.

La carga presupuestaria fue abultándose y el país terminó viajando a los mercados internacionales en busca de recursos para financiar los déficits. También fue necesario recurrir a un mercado interno que estaba “buchú” por los fondos provenientes de la Seguridad Social.

No obstante, se hicieron en el transcurso varias reformas fiscales, pero los gastos corrieron más que el aumento de los ingresos. En buen dominicano, el modelo peledeísta se pasó de contento y perdió el equilibrio.

Pero la capacidad de consumo de las familias dominicanas se amplió de manera sustancial y los que fabrican, importan y venden bienes y servicios disfrutaron de la gran bonanza. Puede afirmarse que este consumo constituyó un factor importante del continuo crecimiento de la economía.

La pregunta que todos nos hacemos ahora es si es posible, en las circunstancias actuales, mantener este modelo de una burocracia generalmente partidaria que devenga unos sueldos que acogotan el Presupuesto Nacional. Podría pensarse que hay sueldos que dan para tres o para cuatro, lo que ayudaría mucho en estos días de presión por puestos de trabajo.

Sobre el autor
HOY DIGITAL

HOY DIGITAL

tracking