Todo sea por el bien de la mujer
En línea con los anuncios de lo que hará en los próximos cuatro años, el Gobierno acaba de anunciar planes de lucha contra la violencia femenina y el matrimonio infantil. Dos fenómenos muy presentes en la sociedad dominicana y que generan preocupaciones y desasosiegos. Son dos hechos complejos porque de alguna manera forman parte de la cultura dominicana y hay sectores sociales, como ha quedado reflejado en estudios minuciosos, que no se crispan ante los mismos.
Hemos de saludar todo cuanto el Gobierno promueva hacer para disminuir todo tipo de violencia contra la mujer y para evitar que nuestros jóvenes contraigan matrimonio en edades físicas y emocionales inadecuadas.
Llamamos la atención, sin embargo, al tema familia. Cuando se llega aquí, la complejidad de estos fenómenos se ahonda, porque la familia ha sido sometida, por décadas, a las críticas de una ideología contraria a la llamada familia tradicional y el deterioro de la misma no se ha hecho esperar.
Pero ahora solo nos interesa llamar la atención de los diseñadores de las políticas contra la violencia femenina y el matrimonio infantil para que no se olviden, en su abordaje, de considerar la importancia de la familia en la búsqueda de antídotos contra estos fenómenos tan negativos y nocivos. La familia, toda familia, es el primer espacio de socialización de una persona.
Ella es causa y efecto al mismo tiempo de muchos fenómenos sociales. Tampoco debe olvidarse que es necesario reeducar al macho violento que zahiere, golpea, incumple y que ejerce constantemente la falocracia.
Las familias deben ser enseñadas a educar a los varones, principalmente, para que sean verdaderos hombres, para que ejerzan la “hombridad”, como decía don Miguel de Unamuno. Hay experiencias locales que se disfrutan desde las pastorales familiares de iglesias católica, evangélica y adventista, desde juntas de vecinos y desde Casa Abierta que deben ser tomadas en cuenta.
Por lo demás, esperamos que los anuncios del Gobierno no se queden en la gaveta de las promesas.
Las quejas de los usuarios
Los usuarios de los servicios eléctricos del país están con el grito al cielo. Primero se quejaban de las altas facturaciones y ahora lo hacen, con el mismo vigor, por los largos apagones.
Son como dos golpes al mentón que afectan a las familias y a los negocios, sobre todo a los medianos y a los pequeños. Y no hablemos de la oscuridad que en las noches cae sobre las ciudades.