El Papa viajero

FRANCISCO A. CAMPOS VILLALON
El mundo acaba de perder, con el fallecimiento del Santo Padre, Juan Pablo II, uno de los más grandes propulsores de la justicia, de la paz y del entendimiento entre pueblos y naciones. Ese Santo Padre, cuya vida luminosa podía compararse con la vida de Jesús Cristo, coincidencialmente en la asada Semana Santa, nuestro Santo Padre debe haber sufrido incontables tormentos personales con la operación que le hicieron en la tráquea para permitirle la respiración y posteriormente para alimentarlo por un conducto que debió aumentar sus dolencias, lo cual ofrece una gran similitud de los sufrimientos del Santo Padre con los del Mártir del Gólgota, cuando lo llevaban con la cruz camino del calvario.

Este Santo Padre, que podríamos llamar desde ya Padre Santo, que concitó tantas adhesiones a todos los niveles del mundo cristiano, universal, que se reunió con todos, escuchó a todos y que con sus viajes y sus prédicas y su ejemplo renovó la Iglesia Católica, se ganó la simpatía y la admiración de pueblos y naciones. Y que a través de sus acciones, sus viajes y sus contacto personales con grupos religiosos y naciones, constituyó una efectiva renovación de la fe cristiana, la cual, antes de su ascensión como Papa, se había deteriorado bastante.

Un ejemplo de ésto fue, en México, que le habían hecho adoptar una política laica, sin relaciones efectivas con la Iglesia Católica. Hoy, después de que el Santo Padre Juan Pablo II, lo visitara en cinco ocasiones, ese pueblo hermano lo considera como un mexicano más. Y las demostraciones dadas antes y después de su desaparición física contribuyen con nuestra aseveración; conforme a la tesis de que Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, nuestro Santo Padre Juan Pablo II, como obrero de la justicia y de la paz, en su juventud trabajó y vendió su fuerza de trabajo para subsistencia terrenal y personal, luchó contra las invasiones nazis y las rusas cuando se trató de imponer el sistema soviético, y también hizo como cualquiera de nosotros, frente a las dictaduras de épocas pasadas. Fue solidario con sus amigos de su nativa Cracovia, de los cuales muchos eran israelíes o judíos; por eso apoyó al sindicato Solidaridad, el cual contribuyó a las liberación de su amada Polonia y al advenimiento de la democracia en esa gran nación al igual que nuestros pueblos, que hoy agradecen su participación en aquellos acontecimientos, que sin lugar a duda cambiaron el rumbo de los hechos sociales y reafirmaron el concepto democrático de los pueblos y del mundo a sus hechos incansables por la justicia y por la libertad. Por eso al igual que Jesús Cristo, que combatió y saco a los mercaderes del templo, estuvo al lado de los humildes y desamparados, y por medio de sus encíclicas, y con sus acciones solidarias y personales, abogó por reformas para introducirle cambios al capital y hacerlo más humano, para beneficio de todos. Este Santo Padre o Padre Santo, que desde ya debe ser canonizado por los nuevos regentes de la Iglesia Católica, apostólica y Romana, para quien las demostraciones de solidaridad mundial al dejar el mundo de los vivos son más elocuentes que las palabras y no dejan lugar a duda sobre su santidad.

Este Santo Padre, que fue valiente en sus acciones y humilde de corazón que supo, pedir perdón, cuando entendió, que se habían cometido excesos en la trayectoria eclesiástica de la Iglesia Católica. Fue al muro de los lamentos, visito sinagogas, se reunió con otras feligresías, sectas y distintos creyentes y mostró con sabiduría que todos cabemos en el reino de Dios. Naturalmente la Iglesia Católica salió fortalecida y con nuevos adeptos, conquistados por la inteligencia y la humildad del Santo Padre Juan Pablo II.

Siempre recordaré la primera visita del Santo Padre al País, la cual fue también su primera visita a nuestra América, ella fue demostrativa del gran sentido de inteligencia de Juan Pablo II, ya que nuestro país fue de donde partió la evangelización para los pueblos latinoamericanos, donde se cantó la primera, misa, donde tenemos la Catedral Primada de América, donde se estableció la primera Universidad del nuevo mundo y múltiples cosas más. En ese entonces nuestro país, gobernado por Don Antonio Guzmán Fernández, uno de los presidentes más responsables y queridos, por el pueblo dominicano y por nuestras Fuerzas Armadas. Ese gran presidente que de no haber tomado la lamentable decisión que tomó, y tal como le señalamos a doña Renée Klang de Guzmán, esa exquisita primera dama, que supo cumplir inteligentemente con su papel, y estuvo siempre en el lugar determinado a la hora señalada, siempre respetando las normas protocolares, existentes, hubiese sido varias veces presidente de la República.

En ese entonces y en mi condición de alto funcionario de la nación fui invitado por la Nunciatura Apostólica a una recepción al Santo Padre en la cual tuve el privilegio de estrechar las manos del sumo Pontífice.

Dos meses más tarde, cuando me reunía con el Presidente don Antonio Guzmán, con quien trataba en ese momento sobre una sugerencia nuestra para proteger a nuestros pescadores, tanto de Puerto Plata, como del Monte Cristí y de María Trinidad Sánchez, Nagua, quienes al pescar en el Banco de la Plata eran apresados y los llevaban a las Bahamas y otros sitios creándoles graves problemas y nosotros creíamos que había que establecer, acuerdos bilaterales con las islas vecinas para evitar abusos contra nuestros nacionales y nosotros creíamos que mientras se llegaba a esos acuerdos, nuestros barcos dominicanos, debían ofrecerle protección y apoyo logístico para evitar abusos contra nuestros pescadores.

En ese momento don Antonio me entregó la fotografía que nos envió el Santo Padre en el momento de nuestros saludos al Papa Viajero, el ángel de la paz, la cual mantenemos en nuestra oficina,como un recuerdo privilegi