El “Patico” Polanco, otro de los campeones de RD

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POR CARLOS NINA GóMEZ
En la anterior entrega de esta serie de trabajos-reportajes, en la que se hace una radiografía de la calidad de lo mejor del boxeo profesional de República Dominicana, -especialmente de quienes pudieron ganar títulos mundiales-, se resalta la mejor década -la de los 80- en la que el pugilismo local conquistó varias coronas universales.

Pero en el tintero se quedó uno de esos agraciados monarcas dominicanos: César “El Patico” Polanco quien también tuvo la fortuna de ser titular mundial en la citada década.

Fueron mencionados, como ganadores de cetros mundialistas en los años 80, Leonardo “Leo” Cruz, Eleoncio Mercedes, Julio Gervacio y Rafael Torres.

Leo Cruz y Gervacio se adueñaron de fajas mundiales en la división súper gallo, mientras que Mercedes y Torres lograron ganar los títulos mosca y mínimo, respectivamente.

Pero El Patico Polanco también figura en el grupo de los púgiles quisqueyanos que capturaron, en la década de los 80, campeonatos mundiales.

El Patico Polanco, un bravo gladiador oriundo de la región del Cibao, no se quedó atrás…¡y se inscribió en la selecta lista de los peleadores criollos ganadores de coronas mundiales”.

El 15 de febrero de 1986, el pequeño boxeador cibaeño no desaprovechó la oportunidad que le brindó “el destino”…¡y capturó la faja del peso súper mosca (115 libras) al derrotar, en 15 rounds, a Ellyas Pical.

Elías Pical, un pugilista nativo de Indonesia, fue la víctima del gladiador quisqueyano que, sin ser dado como favorito -fue muy subestimado por los expertos-, logró dar un gran exhibición de buen boxeo ante el peleador local.

La pelea fue realizada en Yakarta, capital de Indonesia…horas antes del pleito, las apuestas, según los informes de prensa, estaban 7-2 a favor de Pical.

La historia de Polanco

César Polanco, a quien en su barrio -de Santiago de los Caballeros- le apodaban “El Patico”, comenzó su carerra profesional en el 1983 (25 de mayo) con un contundente triunfo por nmocaut ante Elpidio Jiménez.

Tras esa primera victoria sus familares y amigo de barrio se regocijaron…y comenzaron el ídolo cibaeño del boxeo.

En este atleta se observa algo muy especial: Era de poco hablar, circunspecto, porque prefería, encima del cuadrilátero, hablar con sus puños.

En los coliseos de Santiago de los Caballeros fue donde desarrolló su carrera profesional, aunque también realizó varios combates en tierras extranjeras.

En sus inicios Polanco obtuvo victorias trascendentes sobre sus paisanos Elpidio de Paula (Kid Makumba) y Enrique Sánchez. La victoria ante Enrique Sánchez, aquel cibaeño que tuvo dos intentos fallidos en busca del campeoanto mundial del peso gallo, sorprendió a la afición local…y mucho más a la prensa deportiva.

El triunfo de Polanco sobre Sánchez se registró el 22 de septiembre de 1989 en el Palacio de los Deportes de Santiago de los Caballeros.

Aquella resonante victoria se produjo por nocaut en el quinto asalto…El Patico Polanco, con una perfecta combinación que encabezó un recto al mentón de Sánchez, se cubrió de gloria. Y es que había derrotado a uno de los boxeadores de más respeto en el país.

Cuando venció a Sánchez y a otros experimentados peleadores, parecía que Polanco comenzaba una nueva etapa positiva.

La ganancia de la corona de la categoría súper mosca, la noche del 15 de febrero de 1986, fue, obviamente, su más alto galardón el cual no pudo disfrutar por mucho tiempo.

EL CAMPEÓN

Leo Cruz, Juan Guzmán y Eleoncio Mercedes -como ya se reseñó- había parido, en los años 80, sendos campeonatos mundiales.

César “El Patico” Polanco, quien no figuraba en las perspectivas triunfalistas del boxeo pagado del país, emuló las hazañas de Cruz, Guzmán y Mercedes al lograr conquistar el cinturó de las 115 libras que tenía el aval de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Yakarta, la cpaital de Inodonesia, fue el escenario de la reyerta que el quisqueyano protagonizó con el local (y monarca mundial) Ellyas Pical.

Polanco y Pical batallaron en 15 rounds. Pero, de acuerdo con las historias publicadas por los periódicos, el dominicano, en la mayoría de los 15 asaltos, llevó la mejor parte.

Su nítido boxeo, su dominio del cuadrilátero, las excelentes físicas exhibidas en todo el trayecto del combate y su poder de asimilación, fueron -fundamentalmente- los elementos determinantes para su victoria.

Cuando concluyó la acción, a pesar de que el pleito fue montado en casa del monarca, ya se sabía, claramente, quién había sido el ganador.

La prensa dominicana, con titulares a “todo trapo”, destacó la victoria de Polanco…y sus familiares no pararon de festejar. El flamante monarca mundial súper mosca de la FIB, a los tres días de su triunfo, estaba de regreso en la patria donde fue recibido -como tenía que ser- con vítores y ruidosas manifestaciones de alegría.

LO DE SIEMPRE

Tras la conquista del cetro mundial súper mosca, a El Patico Polanco le ocurrió lo que “no podía faltar”.

Esto es, opinaron miembros de la prensa deportiva local, que “un campeón mundial dominicano no permaneciera por mucho tiempo con el título”.

Y así ocurrió: Polanco, tres meses después de celebrar en grande su victoria ante Ellyas Pical, perdió el cinturón.

Porque, inexplicablemente, fue directo a una revancha con el indonés. Tutvo que viajar de nuevo a la casa del destronado campeón para “hacerle un regalo”.

El cinco de julio de 1986, fue afectado por una “rara” derrota que le asestó Ellyas Pical. El fracaso fue por nocaut en el tercer round.

Sobre su derrota se tejieron muchos comentarios. Hasta se llegó a decir que, en medio del combate, “se le dio a tomar una sustancia que le ocasionó mareo”

Hubo otras versiones, entre ellas la que “El Patico Polanco se vendió”, pero este criterio especulativo no es compartido por periodistas dominicanos entre los que se encuentra el escritor de estos trabajos.

El Patico Polanco, tras aquella “rara” derrota, se llenó de furstración y aunque poco más de un año después regresó a los ensogados logrando salir airoso ante rivales de cierta calidad, -incluido Enrique Sánchez- ya el final de su carrera estaba marcado.

Este estelar pugilista cibaeño, al igual que otros compatriotas campeones mundiales, tuvo que conformarse con haber escrito su nombre en una singular página del boxeo profesional del país…pero saber, por demás, que también ¡fue un monarca mundial de efímera estancia!.