El peligroso jueguito del palo ensebao

LUIS MANUEL PIANTINI M.
A finales de los años sesenta Chile, Costa Rica, Venezuela y Uruguay eran consideradas las democracias más sólidas de América Latina y El Caribe y dos de ellas se vanagloriaban de ser las Suizas de América. Eran democracias con una amplia clase media y estándares de vida superior a la media de la región.

Ya, hacia mediados de los setenta dos de esas democracias habían fracasado siendo sustituidos sus regímenes de gobiernos por dictaduras militares. En Chile la brutalidad sanguinaria del régimen establecido demandó un mea culpa de su clase política tradicional, reconociendo que sus estériles enfrentamientos ideológicos debilitaron e hicieron sucumbir el sistema democrático, con un perjuicio incalculable para su población en miles de perdidas de vidas, con otros miles sufriendo cárceles, deportaciones y prohibición de las libertades publicas y privadas durante un largo período de diecisiete años.

El resultado fatídico de esas fallidas estrategias de los partidos chilenos para agenciarse la toma o control del poder político produjo profundas reflexiones que culminaron con la creación de la Alianza Democrática a principio de los ochenta y de la Concertación luego del triunfo del NO hacia finales de esa década, uniendo a la derecha moderada, la democracia cristiana, socialistas y comunistas en un propósito común; devolverle a Chile la paz, la unión de la familia, la democracia y la libertad perdida en la construcción de un Proyecto País a través una convivencia política responsable.

Como consecuencia de esa unión Chile ha experimentado en los últimos 20 años el mayor crecimiento económico de los países de la región, una madurez impresionante en el comportamiento político de sus dirigentes y un fortalecimiento institucional que es ejemplo y envidia para el resto de los países de este hemisferio. ¿Fue necesario que el pueblo de Chile sufriera ese víacrucis de calamidades humanas para descubrir el sendero que le premiaría en la construcción de un presente y futuro más promisorio para su población?

Uruguay una sólida democracia como la chilena en los años sesenta, también sucumbió por la irresponsabilidad de su clase política en sus estériles luchas ideológicas, pagando su población inocente un alto precio en muertes, deportaciones, cárceles y la perdida de la libertad y el respeto a los derechos humanos durante casi una década.

Venezuela, el país mas rico de América en recursos minerales, es un claro ejemplo de cómo la corrupción, las alianzas de los intereses económicos con los grupos políticos para expoliar la renta de la nación, la lucha de tendencia y debilitamiento de las estructuras partidistas y la negación de esos grupos políticos a mantener incólume los principios que sustentaron el renacimiento de esa democracia a finales de los años cincuenta ,luego de largos períodos dictatoriales, llevó al mas penoso descrédito a sus partidos tradicionales elevando el frustrado pueblo al poder político y reafirmándolo luego de varias elecciones nacionales, a un exmilitar que ha enarbolado al socialismo como su bandera y fin de lucha. Ya ha de esperarse, que la existencia del sistema de partidos políticos y garantía de las libertades públicas esté llamado ha desaparecer, dentro del proceso programático de construcción del socialismo en Venezuela.

Costa Rica, una de las llamadas Suizas de América, ha desarrollado sin un ejército, un sólido sistema de instituciones democráticas durante los últimos sesenta años. En los últimos meses, dos de sus expresidentes han terminado en la cárcel acusados de corrupción y uno mas ha sido declarado en fuga provocando descreimiento y frustración entre su población y el descrédito en su sistema partidista. Sin embargo es necesario aclarar que sus culpabilidades todavía no han sido falladas por su sistema judicial. Pero aunque estas acciones punitivas, donde los poderosos no se escapan del peso de la justicia, son parte fundamental del ejercicio del fortalecimiento de la democracia, también el solo hecho de pensar, que esto ha acontecido en un país que ha sido ejemplo durante décadas de transparencia y honestidad de sus dirigentes políticos, es demostración que nuestras jóvenes democracias están expuestas a autogenerar su propia destrucción, si no hay una fuerte institucionalidad y una vigilancia continua de los poderes públicos y de la sociedad civil para protegerla de las debilidades humanas.

Nuestro país que en los últimos cuarenta años viene a paso de jicotea construyendo una democracia, aunque muy débil institucionalmente, no está inoculado de sucumbir a la pérdida de confianza de la población en sus sistema de partidos y por tanto al surgimiento de un benefactor iluminado que por las trapisondas, corruptelas e irresponsabilidades con que actúan sus dirigentes políticos, retrotraiga al país al período tenebroso de la dictadura.

Cuántos gobiernos fallidos, para utilizar una palabrita muy de moda en los últimos días, hemos tenido en los cuarenta años de pobre democracia, siendo incapaces de solucionar un problema tan simple como la recogida de basura, para no mencionar todos los demás.

Un país cuyos gobiernos han sido incapaces de solucionar tan simple problema, se le torna muy difícil construir una democracia fuerte que lo inocule de los predestinados, frente a la frustración de una población que se cansa de tejer esperanzas en la resolución de sus problemas más perentorios.

En los últimos días hemos sido testigo, de las tristes actuaciones que poco a poco, como el cáncer, va minando la salud de la democracia y de su sistema de partidos políticos sin que sus protagonistas se percaten de ello, tal y como aconteció en Chile, Uruguay y Venezuela por estar dedicados a la confrontación estéril. La irresponsabilidad y el desparpajo con que actúan sus “históricos” dirigentes, son sintomáticos de lo que nos deparará el destino como pueblo.

Resulta que el partido cuyo gobierno negoció y firmó el acuerdo DR-CAFTA, ahora dice que la reforma fiscal, que es un resultado directo para poner en efectividad ese acuerdo, no es su problema, sino del actual gobierno, siendo este simplemente heredero del mismo. Como también ha sido heredero del desastre económico.

Los señores legisladores que se han pasado el último semestre viajando a Washington, sin saber para qué, una deducción de las últimas declaraciones de sus voceros al excluirse de la mesa del dialogo, son incapaces de elaborar leyes para lo cual fueron electos y de quitarse la prepotencia y actuar responsablemente frente a un problema que es de todos y no de un solo actor.

Se ha querido vender la falacia de que la reforma generaría nuevos tributos al gobierno, afectando a la clase menos favorecida de las rentas políticas. Resulta que el Presupuesto del Gobierno del presente año, aprobado por este mismo Congreso, fue elaborado incluyendo como parte de sus ingresos los $24,000 millones de pesos que son de obligación sustituir por el acuerdo comercial, que el gobierno de la mayoría de los legisladores firmó y envió al Congreso para su aprobación. Lo que quiere decir que en la actualidad ya ese monto de recursos afecta el poder adquisitivo de la población y que su sustitución lo que hará es mantener vigente la misma carga impositiva. Pero nuestros señores legisladores y políticos piensan que este país es de analfabetos y que no entienden que lo que están realizando estos señores, es un peligroso juego político de palo ensebao, debilitando y llevando al desprestigio con su resbaladizo proceder, no solo la supervivencia del sistema político dominicano sino peor aun las libertades publicas.

Ahora resulta que se ha descubierto, que por la pobre negociación al vapor que no la hizo este gobierno, los sectores productivos deberán de ser resarcidos de la desventaja que por efecto de la apertura afectará su competitividad. Pero aquí también los señores legisladores y su dirigencia partidistas emplazan al gobierno a la búsqueda de los recursos tal y como si éste fuese también el culpable de tamaños desatinos.

Es hora de que la nueva dirigencia política que se han dado los partidos legitimizada por sus convenciones internas, dejen de resbalar sus obligaciones con el peligroso jueguito del palo ensebao, restituyéndole al pueblo esa confianza depositada en ellos en actuaciones honestas y responsables, que marquen un proceder diferente de accionar político para que no sucumba lo que ellos y todo el pueblo han venido construyendo con esperanza y sacrificio durante los últimos cuarenta años y no nos rasguemos las vestiduras como buenos fariseos cuando desde afuera nos ubiquen dentro de los premiados Estados Fallidos.