El pero de la reconciliación

Importantes sectores de opinión pública dominicanos y venezolanos han acogido con beneplácito la “reconcialiación” entre los presidentes de ambas naciones, en el marco de la XIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se celebró en Bolivia, donde como se había anunciado informalmente se reunirían los mandatarios de las patrias de Duarte y de Bolívar. Los presidentes Hipólito Mejía y Hugo Chávez con un abrazo que algunos han satirizado como el abrazo del oso, inclinaron la balanza hacia el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales interrumpidas durante casi tres meses luego de la denuncia del presidente Chávez de que en República Dominicana se estaba conspirando contra su vida y su gobierno; esta denuncia según se dio a conocer estuvo sustentada en pruebas documentadas entregadas al gobierno dominicano, en las que se señalaron personas de Venezuela, sobre todo el ex presidente Carlos Andrés Pérez; y de República Dominicana que estarían involucradas en la trama. Chávez fue reiterativo con su denuncia y cada vez que la reafirmaba daba a conocer algún aspecto que no era de dominio muy público, como es el caso del negocio de derivados del petróleo para fines distintos al establecido entre los dos gobiernos, lo que mereció la inmediata atención del presidente Hipólito Mejía, tomando las medidas de lugar a este respecto; aunque al principio, situó la denuncia en el “síndrome de Carlos Andrés” que según él, padecía Chávez.

Las relaciones se tornaron muy tensas, al extremo de que para referirse al tema había que hablar de la crisis dominico venezolana. El embajador de Venezuela en el país, general Francisco Belisario Landis fue llamado a consulta; y su homólogo dominicano en Caracas, doctor Manuel Morales Lama, prácticamente estaba sin funciones, pues no había sido acreditado ni lo estaba al momento de escribir este artículo y no faltó quienes sugierieran el retiro del embajador dominicano hasta que se superara la crisis. La forma en que era manejada la situación por parte de funcionarios de la Refinería Dominicana de Petróleo, en lo relativo al suministro desde Venezuela, incluso contactando otros mercados sin importar la ubicación geográfica, era una evidencia del nivel de la crisis que ponía en riesgo la economía del país. Esta crisis comenzó a ser tratada más que por los gobiernos de ambos países, por la opinión pública, al haber provocado una reacción muy favorable que incluso ayudó a la salida aunque temporal de Carlos Andrés Pérez, del país, quien hasta el momento se encuentra en los Estados Unidos. El gobierno dominicano y el presidente Hipólito Mejía recibieron no pocas críticas de la opinión pública local, de la que varios sectores hicieron “suyo” el problema; los diplomáticos de la Embajada de Venezuela no sabemos si por orientación no dijeron esta boca es mía; ni siquiera se hicieron portavoces de las posiciones de su propio gobierno, lo que cusaba una rara impresión. Por eso, defensores del proceso venezolano y amigos de Hugo Chávez, han sido tildados de maniobrar con las informaciones y de originar la situación entre ambos gobiernos. Una apreciación que se queda en el infantilismo porque ningún presidente como Hugo Chávez va a reaccionar como lo hizo en base a rumores no comprobados.

Por todo lo anterior es que vemos un “pero” en la reconciliación de Hipólito y Chávez; y no nos oponemos, al contrario, deseabamos fervientemente que esa crisis llegara a su fín, porque lo que estaba en juego no eran los intereses personales y grupales de quienes estarían envueltos en la trama denunciada; ni de quienes maniobraran para maquillarles las informaciones indistintamente a los presidentes Mejía y Chávez; lo que estaba en juego es las históricas relaciones entre dos pueblos y dos naciones que no podían afectarse por caprichos, ambiciones ni proyectos personales. Aunque la solución ha sido bien recibida; no podemos dejar de estar alertas con el siguiente y futuro manejo de estas relaciones, porque, vistas las cosas que sucedieron en la más amplia dimensión, no caben dudas de que por alguna razón que ahora no puede verse ha sido una salida mediatizada y dirigida, no sabemos con qué fines. Tanto Hipólito Mejía como Hugo Chávez, mayormente este último, debieran mantenerse de pié y bien despiertos frente a las actitudes de sus “voceros”. Pudieramos estar ante actitudes de personas de un lado y del otro que estén maniobrando con el apoyo de algunos “paradiplomáticos” que por intereses propios estén buscando una salida “chimba” (a lo venezolano) a la crisis. Y en este afán intentan vender al presidente Chávez, haciendolo extensivo al presidente Mejía, una transacción que rompe con el gran esfuerzo de largas semanas por una solución que toque todos los elementos que sustentan una crisis que comenzó en lo político, pasó por lo diplomático y quedó en lo comercial; quedando en una pírrica victoria, que podría desvanecerse por ejemplo nada más con que Carlos Andrés Pérez vuelva a pisar territorio dominicano; cuando lo que se esperaba era una victoria completa que conlleve el respeto a la soberanía de Venezuela y a cualquier otro país; la prohibición del uso de nuestro territorio para tramas contra ese u otros gobiernos. Y, sobre todo, que se le dé un uso adecuado al petróleo y sus derivados conforme a lo estipulado en el Acuerdo de Caracas.

Esto debe hacerse si se pretende como es un hecho ya desde Bolivia normalizar las relaciones entre los gobiernos dominicano y venezolano; tanto por parte del presidente Mejía como por parte de Chávez; de lo contrario, el gobierno dominicano quedaría ante la opinión pública como un gobierno que actúa con medias tintas y que se presta a colaborar contra la soberanía de otras naciones; y el gobierno venezolano quedaría como un gobierno “tonto” e inmaduro que reacciona ante cualquier chisme. ¡Enhorabuena! la vuelta a las relaciones normales entre los dos presidentes y los dos gobiernos. Pero hay que revisar.