El peso de la herida abierta

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Algunas víctimas de traumas, debido al peso excesivo de su dolor o de las situaciones tristes que han vivido, se sienten incapaces de ver el sufrimiento de los demás. La huella dejada por traumas, malos tratos, o abandono durante su niñez, genera una cicatriz que perdura y que a veces termina desencadenando un comportamiento agresivo.
A este comportamiento se le denomina en psicología “la herida abierta”. Un trauma puede crear un abismo dominado por el resentimiento, la ira y la vulnerabilidad.
Según datos publicados por el Departamento de Psicología de la Universidad de Valencia, este trastorno lo experimentan algunas personas que han sido víctimas de abusos, abandonos o malos tratos.
Según investigadores de esa casa de estudios, la marca de esas vivencias y la incapacidad para sanarlas genera a menudo que proyecten ese malestar profundo en los demás, evidenciando a veces comportamientos desadaptativos.
Valeria Sabater, profesora de Psicología e Inteligencia Emocional hace algunas reflexiones sobre las consecuencias de tener la herida abierta, en el sitio web “https://lamenteesmaravillosa.com”.
La especialista asegura que cada cual lidia con el dolor a su manera, con mayor o menor habilidad. “Sin embargo, hay quien lo hace de la peor manera posible: con agresividad.
¿La razón? Hay perfiles en los que se conjugan de pronto varios factores determinantes. Por un lado, está la gravedad del trauma vivido; por otro, los recursos sociales y de apoyo de los que disponga la persona, así como determinados factores biológicos y hasta genéticos”, explica.
La forma de ver la vida. Ahora bien, varios expertos en salud mental coinciden en que el factor más determinante es, sin duda, la personalidad.
Por ejemplo las personas caracterizadas por un narcisismo reactivo usan su dolor como arma arrojadiza. Su identidad de víctima, y el peso de un pasado de maltrato, los convierte a menudo -y casi sin quererlo- en verdugos camuflados.
A juicio de Sabater son personas que no pueden controlar el impulso de represalia y proyectan su ira hacia los demás de diferentes maneras.
Cuando la herida abierta de un trauma trae la agresividad. El concepto de “víctima” suele ser a menudo muy discutido. Algo que se debe entender en primer lugar es que no todo el mundo hace frente a los traumas de la misma forma. Hay quienes, gracias a sus recursos psicológicos o al apoyo recibido, afrontan con efectividad un hecho dramático desligándose en poco tiempo de su identidad de víctima.
¿Existe alguna explicación por la cual una persona expuesta a eventos traumáticos llegue a reaccionar de manera desadaptada o violenta en algún momento?
La Universidad de Monterotondo, Italia, llevó a cabo, en 2007, un estudio dirigido por el doctor Giovanni Frazetto para analizar ese tema.
Según este trabajo, estar expuestos a determinados eventos negativos durante nuestros primeros 15 años de vida suele dejar una marca evidente en nuestro tejido emocional y psicológico. Ahora bien, algunas personas tendrán mayores probabilidades que otras a la hora de superar o afrontar estos hechos.
¿Cómo se trata? La psicóloga Valeria Sabater explica que al día de hoy, el enfoque más idóneo para el tratamiento de los traumas es sin duda la terapia cognitivo conductual enfocada al trauma.
Esta herramienta cuenta además con una gran bibliografía científica que avala su eficacia (Echeburúa y Corral, 2007; Cohen, Deblinger y Mannarino, 2004).
También considera efectiva la terapia de aceptación y compromiso (Hayes, Strosahl, Wilson, 1999, 2013), un tipo de terapia cognitiva conductual de tercera generación donde se busca reducir la ansiedad y el miedo para manejar mejor las situaciones que percibimos como amenazantes.
Ella considera que es particularmente necesario trabajar en el manejo de la ira en caso de que esta ya haya hecho acto de presencia afectando su vida y la de las personas que la comparten.
Estas situaciones empiezan a evidenciarse desde la infancia. Se sabe, por ejemplo, que cerca del 45 % de los niños que son testigos de la violencia familiar presentan problemas de conducta durante toda su vida.