El peso de los muertos

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La perinatología es una subespecialidad dentro del campo de la pediatría cuyo radio de acción se limita al cuidado del recién nacido. Una de las preguntas obligadas que surgen al momento del nacimiento por parte de progenitores, familiares, amigos y facultativos es la saber cuánto pesó el niño o la niña al nacer. La obsesión por saber el contenido en libras de una persona se mantiene por décadas, muy especialmente si se trata del género femenino. Resulta común en la gente romper  la inercia de la mudez luego de un encuentro casual exclamando: ¡Pero tú si te ves gordo y saludable!, o por el contrario: ¿Y a tí qué te pasa, que te noto tan flaco?. Lo interesante de todo ello es que ni con el fallecimiento de un individuo termina el cuestionamiento clásico ya que para escoger el ataúd que vestirá de madera al difunto es de rigor tener en cuenta el contenido en kilos así como la talla.

 El  área de la medicina forense, y muy en especial, la patología forense,  tiene como requisito indispensable consignar el peso corporal, la estatura, el sexo, la etnia y  edad del occiso. Resulta más fascinante todavía saber que en el orden social, económico, político y jurídico tenemos la categoría de los denominados muertos pesados. Dicha connotación no guarda relación alguna con el sistema métrico decimal ya que ese término se le aplica al rol del fenecido en el medio social, así como las circunstancias en que se haya generado el deceso. El líder hindú Mahatma Gandhi, asesinado por un fanático religioso musulmán, era de poco contenido graso en su panículo adiposo, amén de su escasa musculatura, y sin embargo, tuvo la categoría de muerto pesado. Tampoco José Martí, apóstol de una independencia cubana, era de una gran masa corporal, pero su caída en combate en Dos Ríos lo convirtió en el muerto de mayor peso que registra la hermana República de Cuba en su historia pasada.

Normalmente acontece que durante  el fenómeno de la descomposición orgánica se reduce a cenizas la materia biológica de que estamos hechos. Se logra de ese modo dar fiel  cumplimiento al mandato bíblico de que del polvo hemos venido y en  polvo habremos de convertirnos. De manera paradójica, también existen difuntos que violan ese reglamento, y en vez de reducir su masa gravitatoria, se agigantan y alcanzan mayores dimensiones a medida que transcurre el tiempo.

Juan Pablo Duarte y Juan Bosch llevaban en el espíritu la levadura que después de muertos los hace crecer cada día más, pues llenaron con su ejemplo de honestidad, decoro y dignidad los espacios que otros pasados y presentes han intentado rellenar con la ignominia, el crimen y la corrupción. Ellos son ejemplo de dos muertos pesados que, como describiera Martí a Simón Bolívar: son “hombres que llevan en sí mismos el decoro de muchos hombres”.