El PIB: ¿una medida del bienestar social? (1/2)

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Uno de los instrumentos mayor empleado en Economía es el Producto Interno Bruto (PIB). Se calcula, por las naciones, contabilizando todo lo que se produce en un país en un período determinado. Se trata de estudiar hacia dónde se mueve la producción y así, hacer comparaciones que permitan establecer conclusiones sobre el crecimiento económico de una nación específica, de modo que el PIB es un instrumento que mide el bienestar material de una sociedad.
Este instrumento fue creado en 1930 en un escenario donde era fundamental determinar y pronosticar cómo respondían las economías durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Simon Kuznets, un americano-Bielorruso fue uno de los creadores, así como de un conjunto de indicadores que permitieron medir cuánto se producía, se consumía, etc. Kuznets incluía, en su medición, solamente datos que él consideraba que contribuían al bienestar de la sociedad en general. De modo que gastos en armas, mercadeo, actividades especulativas, sustancias ilegales y actividades ilícitas no estaban, en principio, incluidos. Esos datos fueron de gran ayuda para la planificación económica en ese período de crisis (1929-1934) tan conocido mundialmente, cuando prácticamente los países desconocían el tamaño de su economía.
Hoy, el PIB es sumamente importante, pues a partir de él se elaboran y evalúan herramientas de políticas y se toman decisiones de gran relevancia mundial. Se entiende que mientras más produzca un país, más empleo generará y más bienestar, en general, tendrá su población.
Vivimos bombardeados con noticias como las siguientes: China está cerca de alcanzar el tamaño de la economía de Estados Unidos; Papua Nueva Guinea creció 19.6% en 2015. Pero el PIB no tiene manera de distinguir las actividades económicas que son beneficiosas para los países y las que no. Medir la sostenibilidad del crecimiento económico y la felicidad socio-económica de la gente es tarea ardua. Esto se conoce como la paradoja Easterlina formulada por el economista Richard Easterlin que plantea que el crecimiento económico no se traduce todo el tiempo en mayor satisfacción para los seres humanos. En las últimas semanas, The Economist y Financial han publicado extensos y profundos trabajos sobre estos aspectos, los que hemos utilizado en la elaboración de estos artículos.
Las implicaciones de estas perspectivas son muy importantes porque afectan el manejo de todas las economías. El Párrafo 38 de la Conferencia de Río 2009 hace referencia a las palabras de Stiglitz, Sen y Fitousi: “Lo que medimos afecta a lo que hacemos; y si nuestras mediciones son defectuosas, nuestras decisiones se pueden distorsionar.”
Simon Kuznets, adelantó, desde la creación del PIB, que difícilmente se podría deducir el bienestar de un país al analizar una medida que trata exclusivamente de los ingresos y calidad y cantidad del crecimiento económico; dos aspectos muy distintos. Muchos países se enfocan en perseguir que el PIB crezca para mejorar su percepción general de su situación interna de cada país, y así ser considerados para préstamos, igualmente, para demostrar los beneficios de las políticas económicas aplicadas en un período.
La pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para que se siga produciendo? No podemos trabajar más de 24 horas al día, los recursos naturales no son inagotables, las personas solo podemos consumir un número limitado de alimentos y productos, solo podemos tener cierto nivel de apalancamiento. Cabe preguntarse también qué tanto nos impacta este crecimiento. ¿Significa que vivimos en mejores condiciones, que tenemos mejores oportunidades, que somos más felices y que llevamos vidas más plenas?
Es de esperarse que existan relaciones directas entre variables importantes para el bienestar social como el gasto en salud y educación. Sin embargo, hay muchas razones que demuestran que el PIB no puede ser utilizado como la medida del desarrollo integral. En el próximo artículo veremos algunos de los principales factores que impiden que el PIB pueda ser la estadística que evalúe la calidad de vida, el bienestar social y el progreso humano de los países.

Investigadora asociada: Julissa Lluberes.