El PLD, 50 años después, debe volver a sus orígenes

El PLD, 50 años después, debe volver a sus orígenes

Alfredo Cruz Polanco

El pasado viernes 15 de los corrientes el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) arribó a los 50 años de su fundación, bajo la dirección del insigne escritor, educador y político Juan Bosch, acompañado de un reducido número de personas. Surgió con el objetivo de completar la obra inconclusa del fundador de nuestra nación, el patricio Juan Pablo Duarte.

En este medio siglo de existencia, son muchos los aportes que esta organización política ha hecho al sistema político y partidario de nuestro país. Ha dirigido el Estado dominicano por veinte años, contribuyendo en gran medida con su crecimiento, el desarrollo y la estabilidad económica y financiera. En dicho periodo hubo también algunos desaciertos y poco avance en materia institucional, produciéndose una gran división interna, fruto del amiguismo y el grupismo imperante, que lo sacó del poder. El PLD debe volver a sus orígenes, esto es, al respeto de los valores y principios éticos y morales, de los métodos de trabajo, a la capacitación, es decir, a la disciplina interna, que tan buenos resultados le generaron a esta importante organización política desde su fundación y al que Juan Bosch definió como un “Partido único en América”.

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Mientras permaneció en la oposición, antes de alcanzar el poder político, fue el partido más organizado, participativo y combativo, reconocido hasta por sus propios adversarios. Siempre se caracterizó por dicha disciplina, por la educación y capacitación de sus miembros para que tomaran participación en cada uno de los temas de la agenda nacional e internacional, aportando soluciones a los grandes problemas económicos, políticos y sociales que afectan al país; por su solidaridad internacional, convirtiéndolo en uno de los partidos de mayor prestigio, no solo a nivel nacional, sino internacional.

La honestidad, capacidad, solidaridad y la vocación de servir a los demás, sobre todo, a los más necesitados, eran las virtudes que Juan Bosch más exigía a sus militantes. Hoy recordamos aquella frase lapidaria que siempre nos repetía: “A la política se viene a servir, no a servirse de ella”. Con la transición de un partido de “cuadros” a un partido del sistema, electorero, masificado, estas cualidades emblemáticas que siempre lo caracterizaron desde su origen, ya han ido desapareciendo. El PLD había logrado ganarse el respeto y el prestigio en la sociedad por la coherencia y conducta exhibidas por su militancia; por la forma diferente de realizar las actividades políticas, siendo el pionero en movilizar las grandes masas populares por distintos pueblos y barrios al mismo tiempo; por la organización y limpieza de los espacios públicos al final de las actividades políticas, causando un gran impacto en la ciudadanía.

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