El PLD ya no es tan diferente

RAFAEL TORIBIO
El Partido de la Liberación Dominicana nació como un partido diferente, y para ser un partido diferente. En sus inicios decidió mantener una impronta ideológica que estaban perdiendo los demás partidos, concebir la política como una actividad noble que tenía por finalidad trabajar por el desarrollo de las personas y del país, asumir el poder como un medio para realizar un Proyecto de Nación y entender al partido como un instrumento para servir al pueblo.

Pero ha sucedido que con el paso del tiempo y la decisión de llegar al poder mediante las elecciones, compitiendo con los demás partidos por los electores, se ha producido un tránsito hacia un formato que al tiempo de desdibujar el perfil inicial le hace muy similar al resto de los partidos: la diferenciación ideológica es cada vez menor, de un partido de “cuadros” se pasa a un partido de “masas”, se realizan alianzas en búsqueda de los votos necesarios para ganar, y es cada vez mayor la similitud en el ejercicio del poder desde el Estado con los partidos que se han sucedido en la administración del Estado. En el proceso de transformación en una verdadera opción de poder, y luego en su ejercicio, se han ido perdiendo algunos de los rasgos originales que le caracterizaban. La llegada al poder en 1996 fue resultado, precisamente, de algunas  renuncias.

Los recientes acontecimientos de la presión de dirigentes y miembros de la “base” por un cargo en el gobierno, permiten afirmar, con tristeza, que el militante de ayer, que servía al partido para servir al pueblo, se ha convertido hoy en un demandante desaforado de un empleo en la administración pública, recurriendo hasta el asalto a dependencias gubernamentales y el uso de la violencia. Pero esta demanda de empleos por parte de “las bases”, hasta con actos de violencia, fue precedida por la colocación en los puestos claves de la administración del Estado de todos los altos dirigentes del partido, de sus familiares, incluyendo a muchos hijos, estos últimos en representaciones diplomáticas del exterior. Con sus movilizaciones y actos vandálicos, las bases del partido no hacen otra cosa que reclamar para ellas lo que los altos dirigentes del partido hicieron para sí, acogiendo así todo el partido la divisa de “¿para qué ganamos?”, que se entendía que era un proceder propio de los otros partidos.

Todo esto ocurre cuando se acepta que el número de empleados públicos excede, en mucho, a los necesarios; que se negocia un nuevo acuerdo con el FMI, que supone la reducción del gasto público; y se ha adquirido el compromiso de disminuir la empleomanía en el sector público en un 20%. Ante estas realidades y un compromiso de esta naturaleza, se produce entonces la demanda desaforada de puestos en la administración pública y se responde con la promesa de crear 50,000 nuevos empleos para satisfacer la demanda de “las bases”. Estos lamentables acontecimientos parecen indicar que se milita en los partidos y se colabora en la campaña, tanto por parte de los dirigentes como por parte de “las bases”, en busca de un cargo en el sector público. El hecho de que prestigiosos profesionales con una holgada posición económica y una trayectoria exitosa en el sector privado prefieren pasar a ocupar un cargo en el gobierno, cuando gana el partido al que pertenecen, parece confirmar el criterio de que solo se puede colaborar con un gobierno desde un puesto en la administración pública.

Ha contribuido a esta demanda exagerada de empleos de “las bases”, y la forma en que lo han hecho, la escasa voluntad política para la aplicación de la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa, el concepto patrimonial que ha primado en todos nuestros partidos sobre la Administración Pública, la política basada en el clientelismo, seguida por todos los partidos, como también, en el caso del PLD, la creación de una comisión para la colocación de dirigentes y militantes en cargos del sector público. El “e”pa fuera que van” se ha combinado con el “e” pa dentro que vamos”, pero como hay más militantes que cargos en el gobierno se ha producido esta triste y lamentable situación.

La experiencia que está viviendo el PLD, que a medida que pasa el tiempo se consolida como un partido tradicional, como los demás, con sus mismas virtudes y defectos, nos mueve a preguntarnos ¿es que no puede ser de otra manera? ¿Las diferencias y propósitos originales se van perdiendo en la medida que se quiere ser opción de poder, y luego en su ejercicio, para terminar siendo muy similar a los demás? Esperemos que la realidad no sea tan tozuda y se deje algún espacio para algo de ilusión y la esperanza. Pero por el momento, parece difícil que el Estado pueda ser reformado, para modernizarlo, cuando el partido en el gobierno ha terminado siendo tan tradicional como los demás.