El pluriempleo

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
No es un secreto que en nuestro país, para sobrevivir cualquier desdichado ciudadano tiene que acudir a la práctica del pluriempleo, no obstante que a los que desempeñan una función en el tren administrativo del Estado, les está prohibido tomar otro cargo. Lo cierto es, que con el alza de la divisa norteamericana y la escasez de circulante, los emolumentos que reciben aquellos que dependen de un empleo, se han visto menguados y tienen que doblar la cerviz en otra o más fuentes de trabajo para no perecer.

Desempeñar una labor alternativa es casi siempre desagradable, sobre todo si no hay similitud en ambas funciones. Un burócrata que se vea obligado aceptar un puesto de bombero en una estación gasolinera, o ser sereno en una construcción o fábrica en detrimento de su sueño y salud, estará casi siempre de malhumor y podrá convertirse eventualmente, en un resentido capaz de emprender cualquier acción violenta en contra de la sociedad a la cual culpa por injusta.

Así como existen esforzados ciudadanos que luchan a brazo partido para sacar adelante a su familia aceptando empleos que consideran denigrantes, hay otros que se aprovechan de la situación en que se encuentran para obtener pingues beneficios. A nuestra mente acude el recuerdo de aquel Capitán de la Policía Nacional que se desempeñaba como encargado del Departamento de Robo de Vehículos en el Plan Piloto, quién a su vez era propietario de una agencia de venta de vehículos y se adjudicó varios de los incautados, sin que los propietarios se percatasen de que lo que estaba sucediendo. Por eso, debería ser prohibido por incompatible, que un policía o militar ejerza el comercio de bienes o servicios relacionados con sus funciones de guardián del orden público.

Lo lamentable del pluriempleo, no es que realicen dos o más funciones en una jornada, sino que ambas sean mal remuneradas al aprovecharse los patrones o empleadores del estado de precariedad del explotado. Conocemos de casos de colegas nuestros, ingenieros, médicos, etc., que después de terminar las labores que ejecutan regularmente, toman sus vehículos y para redondear los gastos del hogar, pasan interminables horas “conchando” en las calles de la ciudad. Cuando terminan en altas horas de la noche, apenas le quedan unas horas de reposo para iniciar al otro día su jornada laboral. Es debido a este tipo de “doble vida” que las personas se van estresando y por agotamiento físico han sufrido graves accidentes automovilísticos, ya que algunos el transporte lo realizan entre ciudades y deben recorrer grandes distancias.

En cambio otros son más afortunados y el segundo empleo es más llevadero. Conocimos alguien que teniendo gran aceptación de los niños y sobre todo un buen humor, se ganaba unos pesos extras haciendo de payaso en cumpleaños infantiles. Esto significaba que tenía que llenar globos, armar piñatas y hasta cantar canciones. Lo hacía con gran dignidad y tenemos la certeza que no se acomplejaba cuando descubrían su identidad.

Por su peligrosidad, hay segundas ocupaciones que cuando tienen un accidente puede ser fatal. Nos referimos a los denominados “deliverys”. Esos “suicidas” que tienen que transportarse en una motocicleta con un recipiente en donde llevan pizzas o emparedados y deben entregarlos en un tiempo limitado, por dos razones. Primero, que si llegan después del tiempo estipulado deben pagar una multa, o también, el cliente puede alegar que las cosas pedidas están frías y las devuelve.

Lo deseable es que en nuestro país existiesen fuentes de trabajo suficientes y bien remuneradas para que nadie se vea obligado a ejercer el pluriempleo. Desgraciadamente como país tercermundista y pobre las cosas son diferentes y muchos de nuestros conciudadanos no tienen otro recurso que trabajar, no en lo que ellos desean y están aptos y dispuestos, sino en lo que aparezca y como el otro quiera. ¡Pobres desdichados!