El poco alcance de las condenas

El escaso resultado en la búsqueda de sanciones a la corrupción en el país se revierte con un dedo acusador sobre mecanismos de Estado, en primer término, y sobre la sociedad que no reacciona indignada a la impunidad. El pobre balance de esa “lucha” figura en el libro “La corrupción sin castigo”, auspiciado por la organización cívica Participación Ciudadana, que acaba de salir a la luz. De 94 expedientes conocidos desde el año 2000 al 2013, solo tres concluyeron en condenas con poca repercusión disuasoria sobre el ejercicio público. Queda develada implícitamente una incompetencia de base en la sustentación de cargos, para unos casos, o un desalentador triunfo de las influencias que hacen diluir persecuciones a través del tiempo.

La poca funcionalidad del sistema de justicia lleva al pesimismo sobre el presente y el futuro exponiendo una levedad de fronteras morales por falta de escarmientos y de acciones sistemáticas que fijen límites. Se reafirma incluso lo admitido en ocasiones por autoridades, de las que no hará mucho la prensa recogió esta frase cuyo autor no es necesario mencionar: “no hemos sido capaces de establecer sanciones como debe ser a quienes han cogido lo ajeno”. Es claro que se necesitan mayor voluntad y empeño para desterrar la selectividad y la lentitud; ha sido como si la justicia criolla careciera de venda y se le permitiera seguir al alcance de factores materiales y políticos que condicionan su proceder.

POR ALGO MÁS QUE BLA, BLA, BLA

La aspiración de unir naciones alcanzó especial manifestación para República Dominicana y Centroamérica al darse apertura ayer en Punta Cana a una cumbre de altos dignatarios del sistema de integración regional Sica. Con motivo del encuentro, y en anticipación al acto, el presidente Danilo Medina advirtió que el propósito de asociarse no tiene sentido si no es para beneficiar directamente a los ciudadanos.

Aprovechó también para pronunciarse contra la desigualdad y por mejores condiciones materiales para los pueblos. Pareció que hablaba en nombre del ciudadano común que no se ilusiona con las cumbres que llegan llenas de teorías y buenas intenciones y que luego sirven de poco. Con su tónica logró diferenciarse de gente prominente que rinde culto al figureo y al mucho hablar sin aterrizar en realidades. Consciente, seguramente, de que su nación quiere más hechos que palabras.