El poder del desapego

Algo que caracterizó a Jesús de manera muy notable fue el desinterés hacia las cosas materiales, al mundo y al poder.

El mismo llegó a expresar que no tenía ni siquiera donde poner a descansar su cabeza.

Vivió sin necesitar nada. El comía donde le daban, descansaba donde podía y dormía en los montes y en los desiertos.

Este estado se lo inculcó a quienes se constituyeron en sus seguidores.

Cuando a él llegaron los primeros discípulos, le dejó claro que no tenía nada.

Es decir, se llevarían una gran desilusión si pensaban que caminando a su lado podrían conseguir poder, reconocimiento o algo material.

Se dice que una de las razones por las cuales Judas Iscariote lo traicionó, fue precisamente, por ver que él no era el tipo de líder revolucionario que esperaba para asaltar el poder de Roma.

Sin embargo, con este estilo de vida el Maestro de Galilea estableció un principio poderoso. Y es que el único hombre que es capaz de producir grandes cambios en cualquier esfera es sólo aquel que vive sin estar apegado a nada de esta vida.

Cristo precisó que el que ama a su vida la perderá.

Los discípulos practicaron eso de tal manera que murieron asesinados mientras con tal de predicar la Palabra de Dios y el testimonio del Jesús que fue repudiado.

El apóstol Pablo, quien sustituyó a todos esos grandes apóstoles, expresó que para él la vida era Cristo y que el morir le era ganancia.

Es bien sabido que el hombre que se apega a lo material, al poder, al lujo y las cosas materiales es un ser muy temeroso. Por lo tanto, no está en capacidad de emprender nada que ponga en riesgo lo que tiene.