El premio de Vargas Llosa: una opinión

Permítanme ante todo agradecer a la Universidad de Salamanca por honrarme con este Doctorado Honoris Causa que me incorpora de manera simbólica a sus claustros. Es para mí una enorme responsabilidad intelectual formar parte de la universidad en activo más antigua de España, en cuyas aulas han impartido o recibido clases personajes de mi más honda admiración, como Azorín, Góngora o Unamuno.….
¿Por qué se escribe literatura? Esa es una pregunta que me he formulado yo también muchas veces. Creo que como todo escritor, mi vocación es lo mejor que tengo y que escribir es una actividad maravillosa, exaltante, difícil desde luego y a veces dolorosa, pero al mismo tiempo una de esas actividades en las que uno encuentra su propia satisfacción; una actividad que en sí misma constituye ya una recompensa para quien siente la necesidad o urgencia de escribir.…
¿Para qué sirve la literatura? Esta es una pregunta que no solo se formulan los enemigos de la literatura y los lectores, sino también los escritores. Cuando era joven, cuando descubrí mi vocación de escritor, era la época del existencialismo, los años de la literatura comprometida. Todos estábamos de acuerdo en que la literatura servía. … La literatura es una forma de acción, las palabras son actos la célebre frase de Sartre y a través de la literatura, uno influye en la vida de otros y en la historia. No de una manera determinante, premeditada, con efectos políticos más o menos inmediatos, como creían los partidarios del realismo socialista. Pero sí de una manera indirecta, formando unas conciencias que están detrás de unas conductas. De tal manera que, indirectamente, la literatura sirve, contribuye a la acción en el seno de la sociedad.… Universidad de Salamanca, Madrid, 6 de julio de 2015
El laureado escritor Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, ha recibido muchos premios. Solo Honoris Causa de prestigiosas universidades del mundo ha recibido casi 50. En dos años, 2014 y 2015, recibió 9 Doctorados Honoris Causa:
Doctor Honoris Causa por la Universidad Nova de Lisboa en Portugal
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Florencia en Italia
Doctor Honoris Causa por la Universidad de la República de Uruguay
Doctor Honoris Causa por la Universidad Carlos III de Madrid
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Carabobo en Venezuela
Doctor Honoris Causa por la Universidad de Princeton en Estados Unidos
Doctor Honoris Causa por la Universidad Eötvös Loránd de Hungría
Doctor Honoris Causa por la Universidad de estudios de Palermo de Italia
Doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca (España)
Vargas Llosa además de novelista, es ensayista y columnista. A través de sus columnas ha expresado sus ideas acerca de los problemas del mundo. Sus posiciones le han generado muchas reacciones tanto a favor como en contra. Esto ocurrió con la polémica sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional. El escritor escribió en contra, y maestro del verbo como es, atacó duramente la medida, hiriendo las sensibilidades de los sectores nacionalistas del país, y por supuesto, del Gobierno Dominicano.
El Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, instituido por el Estado Dominicano desde hace algunos años, específicamente en el año 2013. Hasta el momento han sido reconocidos el escritor y humanista puertorriqueño Luis Rafael Sánchez; el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal; el periodista y escritor Eduardo Galeano y la escritora Beatriz Sargo. Este año 2016 un jurado seleccionado por el Ministerio de Cultura integrado por Sonia Henríquez Toledano, presidenta de honor; el doctor Luis O. Brea Franco, comisario del premio y los miembros, doctores Liliana Weinberg, Néstor E. Rodríguez, Miguel D. Mena y Ramón A. Victoriano Martínez, a unanimidad eligió a Mario Vargas Llosa.
De inmediato la reacción no se hizo esperar. Desde los sectores ultra nacionalistas hasta el Gobierno: la vicepresidenta, el vocero oficial y el secretario de la Presidencia, mi querido amigo Gustavo Montalvo.
La polémica me recordó los pormenores de dos polémicos premios anteriores. El primero fue en el año 1993, el último Gobierno de Joaquín Balaguer, cuando la entonces secretaria de Educación, Jacqueline Malagón, declaró desierto el premio de novela, a pesar de que un jurado había elegido como ganadora la obra “Los que falsificaron la firma de Dios”, de Viriato Sención. El escándalo fue mayúsculo, porque desconocía una decisión de un grupo de intelectuales elegidos por la propia Secretaría. Años después, en el año 2001, Manuel Núñez, el jurado le otorgó el Premio León Jimenes de la Feria del Libro por la reedición ampliada de su obra “El Ocaso de la Nación Dominicana”. El otorgamiento de este premio produjo también protestas. Sin embargo, se respetó la voluntad soberana del jurado. El autor recibió su premio tal y como estaba pautado.
Dicho esto, procedo a exponer mis consideraciones acerca del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña 2016:
Las decisiones del jurado son soberanas, incuestionables e inapelables.
El veredicto del jurado, si bien no lo cuestiono, y más aún lo acepto, no tomó en cuenta el momentum. No midió las consecuencias de su decisión
Mario Vargas Llosa tiene más que méritos para recibir ese y otros premios. Su obra literaria abundante y rica así lo atestigua.
El Gobierno Dominicano, aun cuando tuviese sus reservas y no estuviera de acuerdo con la decisión, debió dar muestras de madurez, de ecuanimidad, de aceptación democrática de la disidencia.
El Ministerio de Cultura debe respetar la decisión del jurado.
Ahora bien, si yo fuera Vargas Llosa no viniera al país y no aceptara el premio, a pesar de sus declaraciones publicadas en la prensa de que se estaba dando muestra de tolerancia. Todavía quedan muchos días para saber lo que pasará en la Feria del Libro en abril de este año.
Lo que sí ha evidenciado esta absurda sobre-reacción del Gobierno y de algunos sectores, es que la intolerancia más rancia predomina. Que somos demócratas solo cuando los demás están de acuerdo con nuestras ideas. Que el respeto a la disidencia es una mentira. Que somos incapaces de aceptar las críticas. En fin, que la democracia nuestra es una simple y lejana aspiración.