El Presidente va en coche para el 2016

Una excelente obra de gobierno, una oposición disminuida y una excelente gerencia mediática han creado el escenario ideal para que el Presidente Danilo Medina, sin mayores dificultades, obtenga la reelección en primera vuelta y probablemente con la votación más alta en la historia de las elecciones democráticas de la República.

De la obra de gobierno se puede decir que el Presidente ha cumplido prácticamente con sus promesas de campaña y ello le ha proporcionado un retorno político manifestado en una altísima cota de popularidad y de aprobación. El 4% del PIB para la educación, la construcción de nuevas aulas, la implementación de la jornada extendida, el financiamiento al sector agropecuario acompañado de las visitas “sorpresa”, financiamiento solidario, los sorteos de obras de las escuelas, el 20% de las compras públicas a las mipymes, la mejoría en la transparencia presupuestaria, los avances en el sector salud y una serie de realizaciones que representan luces suficientes para iluminar las sombras.

Junto a esa obra de gobierno, conectada con las aspiraciones de las mayorías y cosechadora de esperanzas, resulta que simultáneamente acontece con una oposición diezmada, una tras las migajas del poder y otra incapaz de articular un discurso que conquiste a las masas y hacerlas voltear desde la reelección multitudinaria de Danilo Medina hacia las propuestas del PRM.

Del Partido Reformista era obvio su epitafio, con un líder y caudillo que se cuidó de no dejar heredero, y en un conglomerado habituado a las mieles y las posiciones públicas era evidente que su papel sería el de medrar a la sombra del poder, y si bien tras la desaparición del caudillo intentaron en dos ocasiones, una con Eduardo Estrella y otra con Amable Aristy, competir con pobres resultados, entonces pasaron a convertirse en el partido “bisagra” para facilitar el triunfo en primera vuelta. Ahora, ni “bisagra” ni puerta, simplemente vale, por lo menos para este torneo, el símbolo y una posición tercera en la boleta. El reformista se muere en lenta agonía.

El PRD, del partido de la “esperanza nacional”, del “buey que más jala” ha devenido en una agrupación minúscula, inútil como bisagra, pero útil por sus símbolos y porque ocupará la posición número uno de la boleta. El destino del glorioso partido del jacho es la extinción lenta pero sostenida, a menos que los perredeístas del PRM logren recuperarlo.

El PRM, en este escenario de unanimidades, representa la única y remota posibilidad de la oposición lograr hacer un papel honorable en los comicios de mayo del año próximo, a pesar de que cuenta con el endoso, más moral que en término de votos, de Eduardo Estrella y es lamentable que no cuente con el empujoncito que podría proporcionarle Guillermo Moreno y sus 4-6% con que aparece en las encuestas.

El PRM es una formación política relativamente nueva, aunque poblada de viejos robles del perredeísmo, no ha logrado construir una maquinaria engrasada para enfrentar el oficialismo y carece de los recursos que proporciona el erario público (a diferencia del 85% que reciben PLD, PRD y PRSC) y como lo muestran las encuestas es muy difícil que el empresariado haga grandes apuestas económicas a favor de la candidatura de Luis Abinader, quien no ha logrado hasta ahora conquistar al electorado mayoritario, a pesar de contar con muchas condiciones.

En un escenario de esa naturaleza el Presidente Medina, como diría el pueblo “va en coche” rumbo al 2016, y tiene la ventaja y la oportunidad, de que al correr prácticamente solo, puede darse el lujo de realizar una campaña austera, limitándose a seguir haciendo lo que le ha dado resultados; concluir con un déficit presupuestario menor (¡como nunca se ha hecho!), reforzar las medidas en ciertas áreas e ir planificando tranquilamente cómo abordar las grandes decisiones y reformas que garanticen la sostenibilidad del crecimiento con estabilidad que disfrutamos desde agosto de 2004.