El problema de la pobreza

LUIS ACOSTA MORETA
Los grandes avances científicos y tecnológicos no han sido puestos al servicio de la gran mayoría de la población que por desgracia vive sumergida en la pobreza. La palabra pobreza encierra un concepto y el concepto representa una realidad. Esa realidad es igual a falta de recursos económicos para un padre de familia que no puede mandar a sus hijos a estudiar; el tener que ir a un hospital en busca de un servicio que no se encuentra y ver a su hijo (a), esposa, hermano, madre, etc, morir porque no dispone del dinero para comprar los medicamentos; El tener que ver a su hijo dejar la escuela, el liceo o la universidad, porque no tienes los recursos económicos para continuar sus estudios. Esa es la realidad de la pobreza.

Pobreza que se ve cuando uno baja a un barrio marginado, como La Ciénaga, Los Alcarrizos, Guachupita, Los Guandules, entre otros. La pobreza tiene un nombre y un apellido. Ella tiene un rostro humano. Lo que pasa casi siempre es que, cuando se llega al poder, subimos los vidrios del vehículo para no presenciar ese rostro humano. Es indudable que esa amarga realidad de carecer de todo genera angustia, incertidumbre, inseguridad. Esa es la cotidianidad de un pobre.

La transformación de la sociedad, del Estado y del sistema económico y político no ha servido ni siquiera para disminuir la pobreza. Se puede decir que los frutos de las reformas estructurales son ambivalentes. Esas transformaciones han permitido la apertura del mercado, ajuste monetario, reforma fiscal, la reducción del déficit presupuestario, la liberalización financiera, la privatización y la reforma del sistema de pensiones, la reforma electoral, la reforma educativa, la descentralización y la reforma judicial. Pero la reforma que permita disminuir a su mínima expresión la pobreza, no acaba de llegar.

Cada día los problemas sociales se agravan más, a pesar de que los gobiernos y los organismos internacionales dicen que trazan planes estratégicos para enfrentar ese flagelo. El que gana un salario está a pocos pasos de quedar en la misma situación de los que andan limpiando parabrisas en las esquinas o vendiendo plátano, lechosa y legumbres en un triciclo por las calles. Basta con que pierda el empleo o que alguno de sus familiares cercanos se enferme gravemente para que en cuestión de semanas pierda todo lo que había logrado juntar en una vida de trabajo.

Llegó la hora de pensar y actuar en favor de esa gran mayoría que ha cifrado sus esperanzas en un sistema democrático, en el cual no se ha respondido satisfactoriamente a esa gran mayoría que vive en la pobreza. Obviamente el problema no es del sistema, sino de quienes llegan al poder.

La iglesia que tiene presencia y oído en cada rincón del país nos viene diciendo que el auge de la pobreza es preocupante. De ahí que unas declaraciones del Nuncio Apostólico del Vaticano, Monseñor Thimoty Brogglio, donde expresó recientemente la preocupación de la Iglesia Católica por el aumento de la pobreza, la proliferación de mendigos en las calles. Y en tal sentido confió en que las bonanzas macroeconómicas se transfieran de alguna manera a esos sectores más desposeídos.

Estamos urgidos a pensar y actuar en beneficio de esa gran mayoría. Y si no lo hacemos renegamos de los principios humanos, cristianos y de nuestros padres de la patria.