El problema de nuestra PN es serio

Debe resultar muy difícil para un vocero de la Policía Nacional tener que anunciar que en un hecho delictivo actuó uno o dos miembros de la Institución del Orden, como acaba de ocurrir en días pasados cuando resultó herido en la cabeza el raso policial Luis Enrique Reyes Javier, quien prestaba servicios como patrullero, adscrito al Destacamento número dos del sector Mejoramiento Social de la parte norte del Distrito Nacional.
Reyes Javier penetró con su arma de reglamento en las manos al lobby del edificio de la empresa Seguros Constitución, donde asaltó junto a otros dos individuos a la joven Loraime Morales, gerente de la susodicha entidad comercial, cargando con un maletín que contenía 200 mil dólares y 415 mil pesos en efectivo.
Decimos que al general Nelson Rosario Guerrero, vocero de la PN, debe resultarle incómodo hacer un anuncio de esta naturaleza, ya que conocemos a este alto oficial desde los tiempos en que éramos reportero del matutino El Siglo, mientras Rosario Guerrero se desempeñaba como asistente del director de Prisiones, general Pérez Sánchez, quien después llegó a ser Jefe de la Policía. Rosario para nosotros siempre ha sido un policía correcto, y entendemos que si ha llegado al rango de general ha sido por su trabajo.
Pues bien, nuestra Policía Nacional atraviesa por uno de sus peores momentos desde su creación el 2 de marzo de 1936, fundada por el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina. No han valido las decenas de anuncios de que se aumentarán los sueldos y se mejora la calidad de vida de nuestros agentes policiales.
Todo parece indicar que no es sólo un mal de nuestra PN. Es que parece todo el cuerpo de la República está carcomido por el germen de la corrupción y la impunidad.