El problema ha estado en la Junta

Para las elecciones de 1994 el caricaturista Cristhian Hernández produjo una imagen en la cual aparecen los rostros de quienes participaron como candidatos subidos en el mismo carro cuyo capó estaba levantado, un personaje que representa al pueblo decía: el problema, está en la Junta.
De entonces acá se ha repetido una y otra vez la constante de que el pueblo vota ordenado, paciente, disciplinado y se cuentan los votos en favor de quien estaba señalado previamente como el beneficiario de las diabluras, de la trampa.
Lo peor de esa situación es que se repite, se repite, se repite y actuamos como el burro de la noria dando vueltas en el mismo sitio y aguantando los palos del personaje encargado de hacer caminar al jumento.
El único proceso electoral no traumático fue el de 1962. Todos, los mayores, los adultos jóvenes y los jóvenes, éramos nuevos en las lides electorales. Todos estábamos aprendiendo.
Para 1962 el espíritu de entonces abogaba, trabajaba, se expresaba inspirado por el deseo colectivo de construir la democracia.
Por crear una nueva nación en lo político, en lo educativo y lo más relevante, en el aspecto del rescate moral.
Ante el desastre moral de un país donde padres habían ofrecido sus hijas al tirano en busca de beneficios personales y políticos, la sociedad harta de la podredumbre, decidió actuar y vigilar para que se actuara con espíritu democrático y altitud de miras.
Ello, a pesar de las presiones ejercidas por la derecha cobijada en Unión Cívica y algunas agrupaciones minoritarias bullangueras, pero sin ningún trabajo en el pueblo, en la base de la sociedad.
Un aspecto muy importante es que las Fuerzas Armadas no participaban en las elecciones. También la guardia estaba llena de dudas y temores, vergüenza y dudas sobre su destino,
El miedo de vivir, el desconocimiento del sistema democrático, el temor a perder privilegios, produjo el golpe de estado de 1963 y su secuela, el levantamiento militar que destruyó el entramado de abusos y robos en que convirtieron a las Fuerzas Armadas y el pueblo tuvo que enderezar entuertos hasta que, ante el colapso de las fuerzas que mantenían el país bajo una ocupación militar de nuestros propios soldados, los norteamericanos vinieron a sacarle las castañas del fuego a la derrota derecha dominicana.
Salvo los exiliados, donde había grandes farsantes, como lo demostró la historia, ninguno tenía experiencia en el ejercicio pleno de los derechos.
Lo de ahora es, ojo con eso, una muerte anunciada. Se hizo una prueba del nuevo sistema de votaciones y fue exitoso hasta un 98 por ciento. Falta un dos por ciento para llega a 100. ¿A quién le tocará ese dos por ciento?
¿Suspicaz? Pesemos los dados a ver que no estén cargados.