El proyectado ejército haitiano

Resultó extraño que cuando el gobierno norteamericano intervino nuevamente en Haití, en la década de 1990, resultó extraño que no desmovilizaran el ejército, no desarmaran ni la fuerza armada ni la población.

A través de la porosidad de la frontera domínico-haitiana se trasvasaron hacia nuestro país, nadie sabe cuántas ametralladoras israelíes de las conocidas o de la marca UZI. Las vendían hasta a 400 dólares con no sé cuántos proyectiles.

Recuerdo que en un retrete de El Seibo, en la década de 1940, fueron hallados decenas de fusiles, escondidos por la resistencia al invasor norteamericano de 1916, justa y valientemente combatidos por los patriotas a quienes los traidores y lamecosas de los yanquis calificaron despectivamente como gavilleros.

Por supuesto, era más fácil intentar descalificar a los patriotas que unirse a ellos para pelear contra el invasor extranjero.

Pasada la Guerra de Abril de 1965, las fuerzas criollas de ocupación (léase Ejército, Marina y Aviación) se ocuparon de registrar casa por casa, habitación por habitación, de toda la zona constitucionalista.

Buscaban armas que presumían ocultadas por los patriotas que enfrentaron la soldadesca invasora. Hallaron algunas. Registraron todas las casas de una amplia zona de la ciudad en busca de armas.

Por eso me extrañó que no desarmaran a los soldados haitianos que desmovilizaron, ni tampoco registraron las casas en busca de armas.

Poco tiempo después se inició la venta de armas cortas y ametralladoras Uzi a precio de vaca muerta. Las vendían por centavos.

No sé si esa política de mantener armado a los soldados del  antiguo ejército haitiano ni al pueblo, fue uno de los primeros pasos que hoy se expresan en la invasión pacífica que vivimos.

Las denuncias sobre planes de hacer de la isla un solo país parecen tener asidero, cuando vemos que más que intentar ayudar a que Haití se convierta en un Estado respetado y con independencia, democracia y libertad, se juega a la desmemoria y al dejar hacer, dejar pasar.

¡Líbreme Dios¡ de ser antihaitiano!

Siempre he pensado que haitianos y dominicanos, dominicanos y haitianos, podemos y debemos vivir en paz y con amistad en nuestra isla, pero cada uno en  su casa.

Los países causantes de la desgracia de los haitianos sólo continúan su guerra de propaganda y publicidad contra los dominicanos, para que aceptemos la invasión pacífica y sus graves consecuencias. Ahora van a crear una fuerza armada, organizada.

Es tiempo de preocuparse y preguntar ¿un ejército haitiano? ¿Para pelear contra quién? ¿Para defenderse de quién?

Es un asunto como para preocuparse, habida cuenta de que la invasión pacífica pasa del millón de personas y que el ejército haitiano, cada vez que pudo, invadió República Dominicana.