El Pueblo Cuestiona y Ercilio Veloz en su valioso aporte a la libre expresión

Fuera de lo consagrado en la Constitución y las leyes adjetivas, el libre juego de las ideas y la libertad de expresión han sido en el país conquistas democráticas logradas con luchas sociales y en períodos difíciles no perecieron por los aportes y la valentía de periodistas y comunicadores.

El ejercicio continuado de esas valiosas prerrogativas, aun a riesgo de sufrir consecuencias ante amenazas y persecuciones por la intolerancia desde esferas del Estado, creó conciencia en la ciudadanía sobre la necesidad de defender sin desmayo esta piedra angular de las libertades públicas.

En la ardua e interminable lucha por la libertad y para enfrentar a regímenes de mentalidad totalitaria que tratan de conculcar derechos fundamentales, el periodista y comentarista de televisión Ercilio Veloz Burgos ha dado, a lo largo de su trayectoria, un ejemplo de firmeza y perseverancia.

“El Pueblo Cuestiona” ha sido la plataforma desde la cual  ha hecho, durante más de cuatro décadas, su contribución a que la población cuente con un espacio que permite apreciar las ideas, los debates y los diferentes puntos de vista encontrados y coincidentes de  personalidades de la vida nacional, además de servir de voz a cualquier ciudadano, por humilde y desconocido que sea, si tiene la necesidad de exponer algún reclamo.

Uno de los grandes méritos de su trabajo desde ese emblemático programa, que figura entre los primeros de su género en la televisión nacional, es que  siempre ha dado cabida a una amplia amalgama de la política partidaria, desde la radical a la más conservadora, así como a representantes del mundo social y de la economía en sus variadas vertientes, porque se ha cuidado de no incurrir en visiones selectivas o excluyentes.

Con respeto hacia sus invitados, pero sin renunciar a la indeclinable firmeza y claridad  por el rol que un entrevistador debe jugar al hacer preguntas en función de los temas que afectan e interesan a la gente, Ercilio se caracteriza por ir directo al grano y plantear, de forma descarnada, los temas que sintonizan con las inquietudes del público.

Esa empatía e identificación  con el público comenzó a adquirir gran fortaleza por la proverbial y clásica exposición a sus entrevistados, con aquello de “pregunta un amigo televidente”, con lo cual se ponía de intérprete al sentimiento llano y popular de diferentes segmentos de la población que sigue a El Pueblo Cuestiona.

Con su voz potente y bien timbrada como veterano locutor clase A desde el 31 de julio de 1963, Ercilio le daba un carácter singular a sus preguntas, poniendo en aprietos a sus invitados  cuando éstos titubeaban ante planteamientos sobre puntos controvertidos, porque la silla que ofrece a sus invitados es amigable, pero caliente y nada obsequiosa.

De alguna forma esta esencia peculiar del programa se mantiene, aunque en los últimos tiempos es más tenue porque con el paso del tiempo  también ha introducido cambios de formato por cuestiones de marketing y adecuaciones en la producción.

Quién mejor que el propio Ercilio para hacer una ponderación sobre el elemento medular de su programa, que es ya patrimonio del pueblo. Por eso citamos sus palabras: “Aunque no hemos logrado todas nuestras metas desde 1969 hasta la fecha, sí podemos decir que la principal de ellas es nuestra trascendente conquista de haber convertido el programa en un medio plural, real y objetivo. Un órgano informativo abierto a toda manifestación del pensamiento humano”.

Quienes a través de varias generaciones le han seguido saben que no es una hipérbole, sino el vívido ejemplo de un ejercicio que honra el buen periodismo crítico y la discusión franca en una sociedad que defiende el derecho a la libertad de opinión.