El pueblo espera

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Hoy el gobierno peledeísta cumple dos meses de haberse instalado en el poder. Todavía el pueblo espera que se cumplan las promesas, por las cuales apoyó al doctor Fernández, para sacudirse masivamente de la mala administración del presidente Mejía. Deben recibir un castigo ejemplar quienes saquearon las oficinas públicas de las maneras más vergonzosas y sin temer futuras sanciones. Ya se comenzó con la profilaxis de la Policía.

El editorialista de HOY, el pasado sábado 2, observaba de como había mucho circo y poca acción en las decisiones gubernamentales, de continuas denuncias de los desfalcos cometidos en las dependencias públicas, pero sin proceder a señalar a los culpables y someterlos a la justicia.

Se podría creer que se está cumpliendo esa ley no escrita entre los políticos, en que se les enrostran sus pecados, pero no se les condena por los mismos. Eso ha sido una constante de los pasados 44 años de la vida pública nacional, donde al pueblo se le tranquiliza con denuncias, pero no aparece el castigo ejemplar, como es ahora requerido, por el masivo apoyo de la población a la elección del presidente Fernández, confiando que las cosas se iban a corregir, y que al fin, se tendría un gobierno confiable y honesto.

Indudablemente que la situación ha cambiado. Y esa confianza en la espera sosegada de la población tiene su límite, pese a que los apagones han golpeado, con un descanso en los días recientes, a la población de mala manera, pero ya están ocurriendo los estallidos de violencia que han sido estimulados por la falta de energía. Algunas poblaciones cibaeñas y los barrios carenciados, con apagones de muchas horas y hasta de días, han demostrado su inconformidad con explosivos arrebatos de la ira popular, utilizando la única arma que reconocen las autoridades para atender los reclamos, que es con la violencia callejera.

Y como decía el editorialista del HOY, el pasado día dos, pareciera que las denuncias son parte del circo y en armas políticas, pero sin llegar a actuar, lo cual disgusta a la opinión pública, que ya tiene sus dudas en cuanto a los planes de saneamiento moral que predicaban las nuevas autoridades, pese a la profilaxis y castigo en las filas policiales.

El memorable discurso del presidente Fernández, ante la Asamblea Nacional el pasado 16 de agosto, abrió las puertas de las esperanzas nacionales, de que al fin íbamos a tener más cordura en el manejo de la administración pública, con recortes significativos en las nóminas. Sin embargo, los pasados 60 días, aparte de las masivas cancelaciones de empleados, muchos de los cuales con largos años en sus cargos, se han convertido en un festival de nombramientos de subsecretarios de Estado, asesores civiles (ayudantes o inspectores en otros tiempos), cónsules y vicecónsules, abultando con mayor entusiasmo a lo que realizara la administración anterior, y sin proceder a frenar el gasto corriente, que ahora se ha repetido se va a reducir en un 20%.

No hay dudas de que el presidente Fernández ha quedado atrapado por los compromisos más diversos, con tantos actores disímiles, que le apoyaron para triunfar en las elecciones. Ha tenido que recurrir a abrir la llave de los nombramientos, sin acudir a una racionalización del gasto, pero ha contado con una rígida administración monetaria que ha permitido una increíble y notable reducción de la tasa de cambio, al punto que ya es justo que se manifieste en la rebaja de algunos artículos, pese al nuevo ITBIS del 16%. Hasta ahora el cemento y el acero de construcción han bajado de precios.

Todavía el pueblo espera. En los próximos 30 días, cuando se aproxime a cumplir la meta de los 100 días, es de esperar que aparezcan los expedientes de aquellos exfuncionarios que abusaron de la confianza y desfalcaron malamente el erario público. Además existe el temor, incluso entre los representantes internacionales, que se quiera actuar con mano muy suave para el caso de los bancos quebrados, después que uno de los principales actores saliera sin problemas del país. Tan solo la prensa acoge las posibilidades de acciones judiciales, pero nada en concreto ocurre, lo cual origina suspicacias internacionales con la convicción de que el PLD también está atado por favores recibidos de quienes quebraron tres bancos y hundieron en la pobreza a millares de clientes.

En definitiva el pueblo espera, pero esa espera tiene su límite. Toda la confianza que se depositó en la figura carismática del presidente Fernández podría erosionarse, como cera al contacto con la llama. Entonces se volvería a tener un pueblo exigiendo rectificaciones y hasta se le podría aplicar, al PLD, su triunfante slogan de mayo pasado, en las elecciones del 2008.