El quid pro quo criollo

19_11_2019 HOY_MARTES_191119_ Opinión9 A

Para aquellos que están siguiendo los problemas de Trump y su enjuiciamiento político, la frase latina quid pro quo (“esto por aquello”) les será muy familiar, pues se refiere al condicionamiento estadounidense de ayuda militar a una Ucrania amenazada por Rusia, a cambio de que el Gobierno de ese país consiga a Trump información negativa sobre el papel del hijo de Joe Biden en Ucrania, para así debilitar a su contrincante en las próximas elecciones.
Lo anterior nos hace recordar un quid pro quo de hace 25 años entre el Gobierno de Balaguer y el de Clinton. Las elecciones de 1994 entre José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer resultaron ser fraudulentas, pues los reformistas sacaron del padrón a unas 85,000 personas y aun así la diferencia entre ambos candidatos fue mínima (42% vs 41%). La OEA y varios otros grupos de observadores, incluyendo del propio Gobierno de Clinton, querían nuevas elecciones, pero resulta que así como Juan Bosch había sido derrocado por los militares a los siete meses de su Gobierno, lo mismo había ocurrido con Aristide. La administración de Clinton logró el mismo mes de las elecciones fraudulentas que Naciones Unidas estableciera un muy fuerte embargo contra Haití, para lograr que el general Cedras entregara el Gobierno, y que incluyó toda importación, excepto comida y medicinas. Barcos de guerra estadounidenses impusieron una cuarentena, pero a través de nuestra frontera se suplía combustibles ilegalmente a Haití.
Apenas nueve días después de las elecciones fraudulentas un representante personal de Clinton y otro del secretario general de Naciones se reunieron con Balaguer durante noventa minutos a quien le expresaron que no era una decisión de un Gobierno, sino un embargo de casi todos los países del mundo. Balaguer entonces para sellar la frontera aceptó asistencia técnica que incluía helicópteros y jeeps. A los tres días el secretario de nuestras Fuerzas Armadas anunció que Estados Unidos sería quien proveería aviones, helicópteros y barcos y ese secretario, en presencia de periodistas extranjeros, ordenó en Dajabón que las tropas dominicanas, que ya sumaban la mitad de todo el ejército, ni siquiera hablaran con haitianos, para así detener la corrupción, pues un galón que en Santo Domingo costaba US$1.00, en Haití se vendía por US$10.00.
Pero la prensa internacional reportaría: “la reunión con el representante de Clinton ha sido ampliamente vista como provocando un entendimiento de que Estados Unidos no hará de las elecciones un tema, a cambio del régimen de Balaguer cooperar con el embargo el clásico quid pro quo”. Leonel Fernández declaró a la prensa internacional: “Balaguer tiene sus propias metas, sus propios trucos, entiende la necesidad de negociar el asunto haitiano para que lo dejen solo en el asunto electoral. Puede ganarle a Clinton, puede ganarle a cualquiera. Puede que llegue a un acuerdo con él, pero siempre se burla”. Peña Gómez fue igualmente realista: “Soy un hombre humilde, del color de la noche y es por eso que creen que me pueden pasar por encima, pero no estoy solo”. Sería el fin de las presiones para unas nuevas elecciones, pues el 2 de agosto la Junta Central Electoral dio la victoria a Balaguer. Esa decisión fue criticada por Washington ese mismo día, aunque horas después se firmaría el acuerdo permitiendo la presencia de tropas americanas en la frontera. El 10 de agosto se firmaría el Pacto por la Democracia, por medio del cual Balaguer se quedaría en el poder, pero tan solo por dieciocho meses (luego extendido a dos años) y en 1996 no podría ser candidato. También se estableció el requisito de una doble vuelta si ningún candidato lograba el 40%, pero como Peña Gómez había conseguido un 41% esa proporción luego se subió a un 50%. Efectivamente, en las elecciones de 1996 Peña Gómez no lograría el 50% y en la segunda vuelta los partidos de Bosch y Balaguer se aliaron y Leonel Fernández devino presidente.
Balaguer se juramentó por última vez el 16 de agosto de 1994 y apenas cinco semanas después 25,000 soldados estadounidense invadieron Haití y colocaron a Aristide en el poder. El embargo, a pesar de la cooperación de Balaguer, no había funcionado y se había requerido el envío de tropas.