El regreso de Alan García

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Por Hal Weitzman
Con su paso jactancioso, el cabello oscuro que se hace gris en las sienes, alto de estatura y algo grueso, hay algo de viejo “rockero” en Alan García. Mientras sonreía, incongruente con el pulsante reguetón en los distintos escenarios durante la campaña electoral por la presidencia de Perú en meses recientes, el señor García de 57 años, que en una ocasión hizo campaña cantando canciones tradicionales, se las arregló para atraer a una nueva generación de fanáticos que difícilmente recuerde su terrible historial como presidente entre 1985 y 1990.  

Es gracias a este auditorio más joven que el viernes será juramentado de nuevo como presidente del país, completando un notable regreso 21 años después de que jurara por primera vez para el cargo.

Entonces, el señor García, el primer líder del partido APRA de centro-izquierda que llegaba a la presidencia era la superestrella indiscutible de la política latinoamericana. El hombre de 36 años era el líder más joven.de la región y su carisma y destreza retórica le ganaron el epíteto de “el Kennedy de América Latina”, que inspiró graffitti solidarios en las calles de Buenos Aires y otras capitales extranjeras.

Tomó las riendas del país en medio de una crisis económica y envuelto en una feroz campaña guerrillera desatada por el maoísta Sendero Luminoso. Cuando dejó el puesto, Perú estaba en una situación económica mucho peor -la inflación andaba en más de 7,000% y 5 millones de personas habían caído por debajo de la línea de pobreza- y las guerrillas habían intensificado su ofensiva.

La mayoría de los peruanos todavía asocian el nombre del señor García con ese capítulo oscuro de la historia de Perú. Pero en las elecciones de este año, fue bendecido por una pobre oposición -un reto falto de brillo de la derecha le permitió colarse en la segunda vuelta, en la cual un ex militar radical resultó ser un rival débil.

Las elecciones también le permitieron al señor García desplegar un astuto sentido de estrategia política. Aprovechando el fuerte sentimiento nacionalista de Perú, y al captar la necesidad de contar con un chivo expiatorio, eligió pelear con el más guapo de América Latina, Hugo Chávez, el pomposo líder venezolano.

El líder del APRA lanzó un ataque intenso contra el señor Chávez, que públicamente se había reunido y respaldaba a su rival. El señor García llamó al presidente venezolano un “dictador enano, con una billetera gruesa”, y lo presentó como un manipulador malvado que trata de extender su influencia. Previó, con acierto, que el señor Chávez no podría resistirse al cebo, y que los electores peruanos rechazarían su intervención en las elecciones nacionales. El plan resultó un éxito. 

Insultos calculados aparte, el señor García es uno de los oradores públicos más destacados en la historia política de Perú. Se le considera por muchos un encantador de serpientes, con un estilo oratorio persuasivo que le permite mover al auditorio a voluntad. Recorre la escena con una arrogancia que muestra una descarnada sed de poder, sin embargo sus gestos y estilo resultan mágicos para las multitudes peruanas.

En un contexto más íntimo, el señor García trata de fijar un tono diferente. Le encanta presentarse como un intelectual, y no tiene reparos en salpicar su conversación con nombres. En una reunió reciente con la prensa extranjera, aderezó sus planteamientos con referencias a Lenin, Napoleón, de Gaulle y Robert Dahl.

Cuando alberto Fujimori, el entonces presidente de Perú disolviò el Congreso en 1992 para gobernar por decretos, envió a los militares a que registraran la casa del señor García. Pero el ex presidente había huido, para iniciar un exilio que lo llevó primero a Colombia y luego a París, donde vivió hasta que regresó a Perú para las elecciones de 2001.

Francia lo impresionó grandemente. Habla cálidamente de las tradiciones de democracia social del país y de la solidaridad, y menciona a François Mitterand como uno de sus héroes, recordando con orgullo un desayuno con el ex presidente, después de su reelección en 1988.

El tiempo que pasó en Francia le permitió escapar de una serie de casos por corrupción en su contra. También está acusado por los activistas de derechos humanos de haber supervisado varias masacres ejecutadas por el Ejército en su campaña contra el Sendero Luminoso, la más notoria, la ejecución de más de 200 reclusos en tres prisiones en 1986, aunque nunca se ha presentado un proceso judicial con éxito en su contra.

Las expectativas de la población sobre su mandato son bajas, y esto pudiera darle al señor García más campo para reescribir su papel en la historia peruana. Sin embargo, todavía está por ver si el “cambio responsable” que anunció durante la campaña electoral será simplemente un cambio e tono, o un cambio más serio de la canción.

VERSION: IVAN PEREZ CARRION