El reino de lo pseudo

Millizen Uribe
Millizen Uribe

El prefijo pseudo o seudo es un elemento compositivo del lenguaje. Proviene del griego ?e?d? y significa falso. Su uso indica imitación, parecido engañoso o falsedad. Este recurso lingüístico es más que válido para describir aspectos de la realidad socio-política dominicana, siendo el pseudoliderazgo y el pseudo-nacionalismo dos de ellos. Aquí concentrémonos en el primero.

Pensadores como Platón, Maquiavelo y Nietszche, a través de sus obras “El Rey Filósofo”, “El Príncipe”, y “El Súper Hombre”, respectivamente, hasta otros de la historia moderna y contemporánea como Adam Smith, Herbert Spencer, Carlos Marx, Rallph M. Stogdill, Edwin Hollander y James MacGregor Burns, entre otros, han estudiado el fenómeno del liderazgo y del líder.

De sus hallazgos, de manera general, se deduce que el liderazgo es la suma de habilidades y capacidades que posee un individuo que le permiten influir en un grupo. Pero si nos adentramos en las particularidades de sus estudios encontraremos diversidad teórica, debido a que mientras unas se centran en las características del líder que lo destacan del resto, otras, como la del liderazgo situacional, enfatiza la importancia del contexto, entendiendo que un líder eficaz es aquel que mejor responde, previa adaptación, a las necesidades de sus seguidores.

Enfoques emergentes consideran aspectos como el carisma y la posibilidad de lograr grandes cambios en las organizaciones.

En el caso del liderazgo político, hay consenso en que es multidimensional. Mas, en ninguno de los enfoques es válido centrar el liderazgo en la posibilidad de repartir prebendas del Estado o comprar voluntades y si este el caso no se puede hablar de liderazgo, sino de clientelismo y corrupción.

Y es que un auténtico líder ha de tener legitimidad y si su popularidad o arrastre se basa en sobornos y compra de voluntades no la tiene. El colectivo debe sentir confianza, respeto y fe de que él posee las condiciones para conducirlo hacia la meta.

No obstante, percibo el liderazgo mesiánico y de persona indispensable e insustituible como desfasado. Pienso que ahora las sociedades requieren de liderazgos colectivos donde los procesos y esperanzas no descansen en una persona y que la función del líder es producir más líderes, no más seguidores.

Y he aquí la pregunta: ¿Líder para qué? Para empujar el colectivo hacia un proyecto de país justo y equitativo o para autoperpetuarse como pseudolíder indispensable. Si es así no podemos hablar de líderes, sino de ególatras.