El resentimiento social de los millonarios del PLD

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A medida que avanza el siglo XXI, y aumentan los años de la administración peledeísta, más se motorizan  las acciones encaminadas a hacerle sentir a los dominicanos que debemos estar orgullosos de que ellos nos gobiernen,  estableciendo y trazando las líneas de conducta de la sociedad.

En 1996 el PLD, al llegar por primera vez al poder de la mano del doctor Joaquín Balaguer, quien nunca confió en ninguno de sus seguidores más notables, se estableció en el país los gérmenes de un proceso, que lentamente se fue compactando y tomando una forma amorfa, de acuerdo a la situación imperante  de vivir en una sociedad democrática y capitalista, muy al contrario  a los que ellos, desde su fundación en 1973, habían asimilado como su razón de ser y sumisión a una disciplina propugnadora del centralismo y economía dirigida, de acuerdo al modelo ruso de antes de 1989.

El disfrute del poder les abrió los ojos a los principales dirigentes del PLD, que ya para el 2000 habían comenzado a exhibir fortunas que antes no tenían ya que llegaron en chancletas al Palacio y salieron en el 2000 en jeepetas, pero no abjuraron de su formación marxista boschista,  guardando el rencor social de sus pobres orígenes, en contra de los sectores sociales dominicanos de mayor poder adquisitivo. Mientras aprendían el oficio de gobernar, fueron muy discretos en no enseñar las garras de aplastar a un sector social que envidiaban y repudiaban  para  reemplazarlo.

 El retorno del PLD al poder en el 2004 les permitió afianzarse, y una pléyade de funcionarios peledeístas millonarios comenzaron a hacer de las suyas, y otros más se fueron agregando a una corte imperial en que  se estableció  como un axioma paradigmático que el dominicano no sabía conceptualizar,  y por tanto se le podía embaucar con una fina retórica y atractivo verbo, que ocultaba el resentimiento social de un conglomerado político de origen muy humilde.

 En los pasados nueve años hemos visto de cómo los funcionarios provenientes  del PLD y de sus partidos  aliados se han enriquecido,  mientras su cúpula ha permanecido protegida, logrando en el período forjar fortunas que ya pueden competir con aquellas que envidiaban a finales del siglo XX;  con su laborioso empeño han superado con creces, para llegar al punto de que ya no necesitan los aportes del rancio empresariado dominicano, puesto que sus fortunas,  amasadas con el disfrute del erario, los coloca inalcanzables para aquellos infelices empresarios que creyeron que podían  narigonear a sus antojos a esos muchachos que llegaban con muchos conocimientos teóricos, muchos resentimientos  sociales  y ávidos de aprender los entresijos del poder.

 Esas indeseables reformas fiscales, que en los pasados nueve años han sacudido a la economía; ese arbitrario sistema de aplicar el alza internacional del petróleo para amasar unos cuantiosos recursos para el fisco; esa búsqueda  incansable de lograr  nuevas vías de recaudaciones de impuestos;  ese magnánimo plan de seguridad social, variedad de tarjetas destinadas  a formar  una base de sustentación electoral  de largo alcance,  forman parte de todo un tinglado  bien orquestado, cuya parte esencial era atacar en su mismo corazón a la sociedad tradicional dominicana, para destruirla y rehacerla al acomodo de sutiles ideas políticas de un Estado con un solo partido.

 La permisividad con que se ha instaurado el tráfico de drogas y el lavado de dinero, el aumento de la violencia que es estimulada por quienes por efecto demostración  también quieren disfrutar de las cosas buenas de la vida, que ya son disfrutadas por el sector social de alto poder adquisitivo, y por tanto una hábil clase política, mueve los hilos de la trama cuyo motor principal es incentivar el resentimiento social  de quienes una vez fueron desarrapados y hoy se  desplazan en lujosos automóviles, disfrutan de  ingresos increíbles y se dan el lujo de estar teorizando en un medio mediático, sobornado por ellos, acerca de sus conocimientos  tan profundos que embelesan a la ciudadanía  inocente y cautiva.