El revés y el derecho

Federico  Henríquez Gratereaux

En esta época terrible que vivimos hoy, la regla general es que no haya reglas; y cuando existen reglamentos escritos, la norma es que no se cumplan. Las motocicletas –por ejemplo- sirven para trasladarse de un lugar a otro, para entregar paquetes y mensajes a domicilio; se supone que cada vehículo de motor debe tener un registro; sobre todo si son motociclistas quienes cometen mayor número de atracos. Algunos de ellos, después de cometer asesinatos con armas de fuego, escapan rápidamente sin dejar rastros. Pero la regla es que las motocicletas no tengan placas, porque a sus dueños no les da la gana de cumplir con el “reglamento vigente”.

La Ley de Migración tardó mucho tiempo en ser discutida y aprobada; pero el reglamento para su aplicación batió todos los “récords” de las demoras legales ordinarias. Finalmente, fue alterado para que su aplicación resultara “neutra”, parcial o insuficiente. Todavía, en la hora actual, “el control de la creciente inmigración haitiana” es una quimera política y social. Dicho reglamento, y la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, siguen siendo materia para debates e insultos entre políticos, funcionarios y periodistas. Los haitianos pueden entrar y salir de nuestro territorio, a su antojo, con documentos y sin ellos. En cambio, prohíben la entrada de los ganaderos dominicanos a los que roban sus reses.

En el Congreso de los Estados Unidos se discute ahora un proyecto de ley para limitar la cantidad de inmigrantes procedentes de Siria. En el estado de La Florida, también se intenta controlar, mediante reglamentos, el volumen de emigrantes no deseados. En varios países del Este europeo se han puesto trabas a los refugiados que llegan del cercano Oriente y de África del Norte.

Hasta Ángela Merkel, canciller de Alemania, está recibiendo presiones políticas de los ciudadanos de su país, para que controle drásticamente la entrada de inmigrantes.

Alemania es la economía más pujante de la Comunidad Económica Europea. Sin embargo, no puede hacerse cargo de tantos inmigrantes. Los políticos dominicanos, y los diplomáticos de nuestro país, tienen sobrados argumentos para resistir las “exigencias” de europeos y norteamericanos para que “abramos nuestras fronteras”. Quieren que hagamos lo que ellos no hacen. ¿Existen reglas en el mundo?