El ruido

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DIÓMEDES MERCEDES
El ruido de los disparos es ensordecedor, aterrador, pero la voz humana es diferente, se puede percibir sobre los otros ruidos aún cuando sea un grito o solo un susurro, aún cuando sea el susurro más quedo… cuando dice la verdad”. (Memorizado al vuelo de la escena final de la película “La Intérprete”). En medio de tantos ruidos aterradores o distrayentes de nuestras mentes, la condición humana sobrevive gracias a quienes preservan en si la sensibilidad devota por la verdad.

La verdad siempre cuesta, pero cuesta más cuando no la decimos o cuando por oportunismo o miedo dejamos de vivir coherentemente con ella esquivando represalias. El don de las palabras fue conquistado por nuestra especie para expresar objetividades. El diálogo, se entendía, era el medio con el cual las partes a las que les atañían asuntos comunes examinaban estos, haciendo uso lógico de las palabras para concluir en el conocimiento objetivo de estos asuntos y conducirse por la verdad establecida.

Pero, las palabras hoy son usadas falsificándoles sus contenidos para mentir. El uso de las palabras para mentir también las ha desacreditado. La industria de la propaganda es la de la mentira y sus sutilezas, con el objeto de trastornar.

Si deseáramos encontrar las raíces principales del descreimiento global y del cinismo dentro del cual actuamos, pensemos en la metamorfosis en el uso de la palabra para fingir. El teatro de la vida social, económica, diplomática, religiosa y principalmente el de la política con que se conduce a nuestros pueblos, cincelan el obrar humano en las restantes manifestaciones, menos en las científicas donde la objetividad se impone.

Pero, aún éstas están a merced del ruido, chantajeadas por el poder-”o me sirves o no comes. Tu verdad, no te pertenece, es para mi conocimiento”. Es una ley del poder y uno de los peores crímenes: el del secuestro de la verdad, algo aún no catalogado como lo que es.

La vida criminal totalitaria sí que es coherente. Todo cuanto hace-todo!, es fiel y consecuente con su objetivo. Cuando se le juzgue, hasta sus actos más santos apestarán de perversidad, porque estos fueron concebidos como las fachadas del engaño, su anzuelo para el pez social, tan letal a su salud como cuando las armas hacen ruido o cuando las drogas y las luchas antidrogas y otras decadencias hacen su papel, en medio del silencio de los inocentes.

¿A qué aspira todo crimen? Al silencio que lo legitime y eso haríamos si calláramos, si no rescatamos la función de las palabras; si no nos hacemos súbditos de la verdad, para con ella darle fuerza y perspectiva a la vida y a las personas transformadas en clones.

En muy gran medida he vivido en el culto a la verdad como única religión. Bajo de la verdad he sido libre, aún dentro de las peores solitarias del país y bajo las más falsas acusaciones, como luego, después de todos los ruidos, silencios y disparos, fue comprobado. Pero, mi vida ha seguido política y socialmente en solitaria. Pocos me quieren como compañero o como testigo.

Respeto si he logrado, hasta de los más criminales enemigos que chocaron con la mansedumbre, sencillez y hasta ternura de la verdad por la cual lucho aún, para que nadie crea que ayer u hoy pudo asesinarla. Porque cuando con los testículos, el cráneo, el parietal izquierdo y el esternón reventados a golpes y tirado a morir sobre el suelo de la solitaria número 3 del sótano de la PN, supe y ellos supieron que la verdad era mi vida, aunque se expresara con el más inaudible susurro y sin testigos ante su ruido.

Susurro que hoy es voz humana sin estridencia, pacíficamente combatiente de cientos de mujeres y de hombres dominicanos que luchan por la justicia y contra la pobreza como entonces, y que pedimos políticamente la Revolución Democrática anticolonial desde la institucionalización de una Constituyente que cree el nuevo Estado y nación frustrados desde 1963 y traicionados desde entonces por todos los que han gobernado junto al status quo colonial que entonces se creó, y por los renegados, los medios que en eso son cómplices del silencio y la ceguera social.

La persona que en su camino encontró una verdad, contra toda estafa queda moralmente comprometida a su divulgación. Ese es el reto de todos y en especial de los Activistas Progresistas Independientes, ante el silencio y ante todos los ruidos.