El Rumbo que llevamos tiene que preocuparnos

El Rumbo que llevamos tiene que preocuparnos

Por: Minou Tavarez Mirabal

Los hechos que se han ido acumulando en las últimas semanas obligan a la reflexión y a la acción. Cada día que pasa me convenzo más de que no basta con denunciar, con reconocer o corregir y mucho menos es justificable que sigamos siendo invitados de piedra en una línea de  espera para el drama trágico que han significado para la República Dominicana los gobiernos del PRD-PRM así como de sus corresponsables, el PLD en todas sus versiones, verdes o moradas.

Vayamos a esos hechos:

Hecho primero: El grupo que gobierna nuestro país pone de manifiesto su incapacidad en el ruidoso llamado a un “Diálogo Nacional” para el que sus convocantes al parecer no tenían nada claro: ni sobre lo que quieren dialogar ni sobre las necesarias prioridades, a menos que la explicación de la convocatoria hecha por el gobierno solo busque ganar tiempo, ocultar intenciones y sombríos objetivos.

Hecho segundo: A pesar de los millonarios recursos destinados a la propaganda gubernamental, seguimos ocupando los primeros lugares de la opacidad en América.  Tristemente ese lugar ya lo tenemos bien ganado luego de las resoluciones judiciales en primera instancia del caso Odebrecht.  Sabemos que se pagaron millones de dólares en sobornos, pero la justicia independiente es incapaz de identificar a los sobornados.

Hecho tercero: Nos enteramos por la prensa de la amenaza de cambios tributarios, con las consabidas contradicciones a que ya nos tienen acostumbrados los funcionarios de gobierno. Todo el mundo adivina que a quiénes más afectará esa reforma es  a los sectores de menores ingresos que deben dedicar un porcentaje mayor de los mismos a satisfacer necesidades básicas.  Los que más tienen hace tiempo descubrieron que el mejor recurso para evitar los molestosos impuestos son los paraísos fiscales. Con respecto a este tema hace falta detenerse pues no ha habido hasta el momento una aclaración acerca de los llamados “Papeles de Pandora” y que nadie venga a decirnos que debemos conformarnos con el recurso banal de la transparencia como respuesta. Reconocer que un crimen existe no puede impedir su sanción.

Dos de los tres presidentes latinoamericanos en ejercicio que fueron descubiertos ante la comunidad internacional como propietarios de sociedades en paraísos fiscales deben responder ante los procesos investigativos abiertos por sus respectivos poderes fiscalizadores: el de Ecuador y  el de Chile. Lasso y Piñera podrían, incluso, terminar destituidos. Nosotros en cambio, víctimas de una maquinaria multimillonaria, parecemos esperar, cuando en realidad lo que tenemos que hacer es actuar.

Nadie ha explicado las razones por las que el presidente de la República mantiene en paraísos fiscales una cuantiosa fortuna, nadie ha explicado el daño tributario que esto ha provocado al patrimonio público a pesar de que todo el mundo sabe que una de las razones principales para esta defraudación tan lejana a la ética se explica en la evasión de impuestos, en esconder fortunas o en el lavado de dinero. Mientras los estudiosos y hasta los organismos internacionales reaccionan preocupados por la magnitud de la estafa que estas operaciones fraudulentas provocan a los Estados, aquí el tema murió antes de aparecer como noticia en los medios. Aunque aquí esos hechos no tengan sanción legal, los dominicanos tenemos la modesta aspiración de ser gobernados por ciudadanos amantes de la Patria y de su destino y alejados de fortunas y figuras del trujillismo y del balaguerismo todavía hegemónico.

Como ciudadanos debemos exigir una exhaustiva investigación de la justicia independiente, de los defensores de la ética y, por supuesto, de la Dirección General de Impuestos Internos acerca del cumplimiento de las obligaciones tributarias así como de las ventajas obtenidas por las empresas instaladas en paraísos fiscales. El presidente Abinader debe ser el primero en responder y luego deben hacerlo los demás funcionarios y los empresarios que han seguido los pasos de evitar impuestos colocando sus fortunas en paraísos fiscales mientras se pretende, en cambio, cobrárselos a los dominicanos y dominicanas más pobres. Tengo la convicción de que mientras no se conozcan los informes de la DGII que solicitamos sería una afrenta a la ética discutir siquiera la idea de una reforma tributaria.

Hecho cuarto: También por la prensa nos enteramos de la intención de vender activos del Estado. Como el contubernio político empresarial parece no conocer de límites, tendremos que ponerlo nosotros, el mundo progresista, la izquierda, los intelectuales, el mundo democrático, todos y todas los que en verdad creemos que los bienes del pueblo dominicano no pueden ser vendidos a precio de “vaca muerta” (valor de libro le llaman ahora). Aquí ya debemos dejar clara la  señal de que estamos  hartos de más de sesenta años de gobiernos y socios robándose lo que es propiedad del pueblo dominicano mediante artilugios para justificar el dolo, que no han dado los resultados y que en otros países han quedado verificadas como políticas ineficientes para solucionar los presuntos males que dicen querer resolver.  Ahí están como muestra los casos de los fracasos de esas políticas en Argentina, Chile o Perú.

Hecho quinto: Hemos estado atendiendo a lo que está ocurriendo con el sistema de ahorro individual conocido como las AFP. A nadie le quedan dudas de que aquí se va a dar una discusión con tintes de escándalo, sin importar que en el poder legislativo el autoritarismo del PRM lo intente impedir. No existe un solo país en el mundo donde las AFP paguen pensiones dignas y las propuestas que han sido dadas a conocer por las aseguradoras son una señal inequívoca de que nos confundieron con un pueblo incapaz, que no está en condiciones de entender las consecuencias que tendrá para la población seguir apostando a recetas fracasadas.

Urge un Sistema de Seguridad Social, que reconozca y proteja derechos y para que los trabajadores tengan quien los defienda apremia una renovación de las dirigencias sindicales pues las actuales posiciones de los dirigentes sindicales también nos ponen en el primer lugar de América como los únicos en que quienes debieran defender los intereses de los trabajadores, defienden a los empleadores.

Hay sin dudas otros grandes temas, pero esta simple enumeración debe servirnos para convocar al mundo progresista, a los trabajadores y trabajadoras, a los militantes de partidos políticos que quieren cuidar a su Patria, a los intelectuales, a dominicanos y dominicanas, a jóvenes que añoran colaborar para trabajar, por fin, en un proyecto nacional y popular. Ha llegado la hora de que nos encontremos en un proyecto para impedir el asalto definitivo de esta alianza gubernamental del PRM con los grandes empresarios y de escuchar las propuestas alternativas de quienes se dicen progresistas, dentro y fuera del gobierno.

La hora de encontrarnos para construir la Patria que soñaron nuestros padres ha llegado.

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