El secreto de tu milagro

POR CLAUDIA DE ALBA
El primer secreto de todos es el de tener fe en Dios, el entender que para el Señor todas las cosas son posibles. En Dios no hay sufrimientos, penas, derrotas, ni necesidades. El segundo secreto consiste en reconocer que el Señor tiene autoridad sobre todo lo que hay en este mundo; sobre demonios, los ángeles, las circunstancias y el mundo físico completo.

Cuando esté ante El, se encontrará en presencia de quien puede resolverlo todo. Para ello, lo único que El tiene que hacer es decir una palabra.

El tercer secreto es el de aprender la voluntad del Señor en cualquier momento dado. ¿Qué estás haciendo en estas circunstancias, Señor? ¿Qué propósito tienes? “Cuando, se comunique con El y le dedique tiempo, descubrirá cuál es, su intención. Acepte su voluntad. La Biblia dice que Abraham creyó a Dios “y le fue contado por justicia”. Aceptó lo que Dios le decía. Y esto es lo que debemos hacer: acatar las órdenes de Dios y estar de acuerdo con lo que El desee hacer.

Abraham estuvo de acuerdo con Dios cuando le dijo que iba a tener un hijo; aunque tanto él como su esposa estaban ya lejos de la edad de tener hijos. En lugar de dudar o flaquear en su fe, la Biblia nos dice: “Su fe se fortaleció y le dio gloria a Dios.” El cuarto secreto consiste en pasar por alto sus propias incapacidades. No tome en cuenta que no hay dinero en banco. No crea que todo el mundo está en contra suya. No se imagine que la tarea que le ha sido encomendada parece imposible de realizarse. No tome en cuenta tan sólo sus propias debilidades ni sus fracasos del pasado; en lugar de ello, crezca en fe, dándole la gloria a Dios.

El quinto secreto es el de estar plenamente convencido. La Biblia nos dice que Abraham estaba “plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Abraham estaba completamente convencido. En su espíritu, no sólo asintió a lo que el Señor le decía, sino que, además, estaba totalmente convencido de que lo que Dios le había dicho era lo que iba a suceder. El estar plenamente convencido era lo que recalcaba Jesucristo al afirmar que, si creemos, recibiremos lo que decimos. Hay algo dentro de usted que dice: “Es mío, mío, mío.

Ahora lo tengo. No hay duda alguna de eso. Dios lo ha prometido y lo creo. Estoy absolutamente persuadido de ello, sin molestarme siquiera en pensar en las circunstancias. ¡Lo recibo ahora mismo!” Abraham comenzó a vivir como si fuera a tener un hijo. Más tarde, nació Isaac, el “hijo de la promesa”. Esa fe no puede proceder simplemente del esfuerzo humano. Sólo se obtiene al depender de Dios, porque: “Así que la fe es por el oír, por la palabra de Dios”. Es algo que tiene que proceder del Señor. El intento de esforzarse para creer no dará resultado. Deberá utilizar la fe que le ha dado Dios. La ayuda del Señor le llegará cuando lo tome en consideración a El y se dé cuenta de su poder, cuando alabe su nombre y lea su palabra, cuando sus enseñanzas penetran a lo más profundo de su corazón, y cuando haya escuchado sus palabras en su propio interior, diciendo: “Esto es lo que voy a hacer. ¡Créelo!”.