El secuestro

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
40 años después la Guerra de Abril de 1965 se intenta secuestrar la realidad de entonces, en un ejercicio por fabricar la desmemoria, reconstruir la verdad para hacer prevalecer la mentira. Como buenos enanos mentales aún no saben, que ni ellos, ni ninguno de los combatientes, comandantes o no, tiene importancia para la historia. La importancia del Movimiento Constitucionalista está en la presencia del hombre-masa en la historia. Insisten en contar que si Fulanito esto o si Fulanito lo otro.

Mientras unos iban hacia las embajadas, a resguardar sus miedos y sus culpas, el pueblo estaba en el puente Duarte, enfrentando la embestida del cuerpo militar mejor armado del país.

Sin importar que hubiera o no comandantes de los que adquirieron nombre en la Guerra de Abril, (que antes eran unos guardias y policías con el mismo perfil nefasto de sus compañeros), el pueblo con piedras, palos y co…raje, hizo frente a  tropas que carecían de motivación para el combate.

Los guardias siempre han sido objeto de los intereses de jefes cuyos entorchados, en los más de los casos, son el fruto de mucho chupar medias, adular, ponerse donde el capitán los vea.

Resulta ridículo, 40 años después, que se hable tanta cháchara, tanto alimento de tropa, como dice mi muy amigo el oficial constitucionalista Marino Almánzar, que se escriba tanta mentira digna de obra de ficción de enfebrecidos acomplejados que desconocen las causas y efectos de la historia.

Lo cierto es que hubo una convocatoria pública a reponer la Constitución de 1963 y el gobierno que encabezara Juan Bosch. El pueblo respondió. Los golpistas huyeron (curas, políticos, militares y empresarios contrabandistas y evasores de impuestos) una vez destruido el aparato de opresión que integraban guardias y policías.

Muchos que no acudieron a la convocatoria por la democracia, ahora se atreven a hablar como si fueran hombres, como si se hubieran puesto presentes ante el llamado de la Patria.

¡Qué bueno! es montarse sobre los hombros de esta imperfecta democracia que tanto dolor, luto, hambre, exilio, sacrificios y muerte ha costado.

¿Se ganó usted el derecho a la palabra, cuando sonaba el tableteo de las ametralladoras y el ruido infame de los helicópteros de los invasores intentaba imponer el miedo?

La importancia de la Guerra de Abril está más allá de las babosadas que se escuchan cuando gente innoble quiere sobredimensionar el papel jugado entonces, o intenta ningunear el de otros. Ahí no es donde está el asunto.

El coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, ideólogo y líder militar del Movimiento Constitucionalista no estaba cuando fue preciso iniciar las acciones; fue sustituido por el coronel Miguel Angel Hernando Ramírez, quien se enfermó y entregó el mando al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Por encima de esos cambios impuestos por las circunstancias, la tarde del 27 de Abril de 1965, el pueblo combatía en el puente Duarte, cuando llegaron los coroneles Caamaño Deñó, Manuel Ramón Montes Arache, Jorge Gerardo Marte Hernández, el teniente Claudio Caamaño Grullón y otros oficiales. A ellos les correspondió encabezar al grupo constitucionalista, pero el verdadero protagonista estaba allí, convocado por la democracia y el respeto a la voluntad popular.

Sin los comandantes, con el pecho y el patriotismo, el pueblo peleaba.

Esa es la verdad. Lo importante de Abril de 1965 es que el pueblo decidió ser actor de la historia para que la nación retomara el curso de la legalidad. Nombres y rangos son pendejadas. El coronel pueblo se impuso. Y punto.