¿El sida se ve o no se ve?

Recientemente ha salido una nueva campaña publicitaria contra el sida patrocinada por la Secretaría de Estado de Salud Pública y otras instituciones nacionales e internacionales. Una vallas con jóvenes bien parecidos y sonrientes acompañadas de un mensaje que significa que cualquier persona, por más bella que tenga la cara y más sana que se vea, puede tener sida. Empecemos a analizarla viendo campañas hechas anteriormente contra el mal en el país.

Un primer recurso al que se apeló fue, cuando existía el Programa de Prevención de Enfermedades Sexuales y Sida de la SESPAS, al meter miedo a los jóvenes, presentando el efecto dramático de la pandemia que recorre el mundo. Este recurso per se carecía de real efectividad debido a que el principal mercado objetivo de una campaña contra el sida tienen que ser necesariamente los jóvenes, y estos no son proclives a dejarse amedrentar. Todo lo contrario, les fascina el riesgo, el peligro, las situaciones temerarias, los juegos y deportes extremos.

Es una promoción hecha, como hemos dicho criticando la que se hace contra las drogas, desde la óptica de los viejos, de los adultos, quienes sí se dejan amedrentar y sí temen por sus vidas y sí huyen de los riesgos. Es su psicología. Es lo que sale de su edad. Y contrasta con la actitud normal de los jóvenes.

Creemos que sí debe hacerse una campaña así, dirigida a los adultos, segmentando los mercados. Porque también los adultos requieren ser orientados y convencidos de cambiar sus hábitos sexuales. Y reservar otra dirigida a los jóvenes, apelando a las fórmulas que los motiven y convenzan, acorde con sus características generacionales.

El segundo fue el de centrar los mensajes principalmente en la idea del uso del condón en las relaciones íntimas, como panacea que resolviera todo. Cuando se sabe que el condón no es garantía suficiente, ya que hay distintos tipos de roces entre la gente que tiene relaciones sexuales, además de que este puede romperse. Esta promoción tuvo el defecto de que no busca modificar los hábitos sexuales de la gente, sino darle una supuesta solución que les permita seguir con ellos.

En realidad, la prédica del uso del condón es válida, pero si se hiciera desde otro punto de vista. Mostrando que el condón puede ser un sinónimo de placer, que puede aumentar el gusto durante el acto sexual, y no centrando la atencón en que es un instrumento de seguridad. Los dominicanos no tenemos hábitos de uso del plástico, por lo que incluso muchos consideran que hacer el amor con un condón es como no hacerlo. Entonces, hay que empezar rompiendo esa percepción emocional.

Un tercer recurso ha sido el de los juegos de palabra y hasta cierta alegría en la campaña. Como fue aquella de que rezaba “El sida sí da”. En el mismo, el mal no era visto con el dramatismo que se necesita como advertencia de que es algo real y que vivimos cotidianamente. Este tiene la debilidad de que se queda en un juego de palabras. Recurso que tanto en poesía como en publicidad es casi siempre inefectivo, pues el espectador se queda entretenido con la gracia del juego y no pone suficiente atención al mensaje que se le quiere llevar.

Un cuarto recurso usado, para mí excelente, es el de pedir a los padres que hablen con sus hijos sobre el sida. Esto tiene una triple ventaja. Es la de que para hablar con sus hijos los padres deben dar el ejemplo de cuidarse ellos del sida y simultáneamente deben conocer sobre el tema.Y además pone a la familia a interactuar y a reunirse frecuentemente y poner sobre la mesa los problemas personales.

Si en esa misma línea se trabajaran otros mensajes dirigidos ya a que los jóvenes hablen con los otros jóvenes, los amigos con los amigos, las amigas con las amigas, etc. Y con algunas campañas explicando cómo se pega el sida, qué es, cómo actúa el virus, cómo se evita, etc. me parece que lograríamos mucho en el enfrentamiento a esta enfermedad cuya presencia en República Dominicana pienso que ya llega a un alto porcentaje de la población.

En el próxmo artículo ahondaremos en el análisis de la campaña de ahora.