El sueño: clave para una buena salud

doctor mejía

Médico internista, director médico de la Plaza de la Salud

Los trastornos del sueño constituyen en la actualidad un problema de salud pública.

Usted puede tener el estilo de vida más saludable del mundo, comer la mejor comida orgánica, evitar el azúcar y los alimentos procesados, comer muchos vegetales, tener una grasa corporal ideal y hacer ejercicio con regularidad, pero si no duerme bien regularmente, por cualquier razón, es muy difícil que tenga una salud óptima.

Es posible que le cueste trabajo dormir, que se despierte muchas veces durante la noche o cuando se levante por la mañana se sienta cansado o quizás porque simplemente desea mejorar la calidad de su sueño, si no duerme bien, su salud y su bienestar seguirán sufriendo como consecuencia de sus manifestaciones clínicas, sus efectos en la atención y la concentración, su repercusión en la actividad diaria social, laboral y familiar y en la calidad de vida, lo que conlleva un importante costo social, por incremento de ausencia en el trabajo, accidentes laborales, de tráfico e incluso domésticos.

Hasta la primera mitad del siglo XX, se pensaba que el sueño era un proceso pasivo producido por una disminución de la actividad cerebral.

Hoy en día, sabemos que el sueño no es la simple ausencia de vigilia, sino que constituye un estado de gran actividad durante el cual se operan cambios hormonales, metabólicos, térmicos, bioquímicos y en la actividad mental, fundamentales para lograr un correcto equilibrio psicofísico que nos permita funcionar adecuadamente durante la vigilia.

Recientemente, se ha empezado a entender cómo el sueño afecta las funciones diarias, así como la salud física y mental.

La edad influye en las necesidades de sueño, en la duración de los periodos y en su distribución, pues las personas duermen menos a medida que envejecen.

Sus efectos. Investigaciones previas han descubierto que la privación del sueño tiene el mismo efecto en el sistema inmunológico que el estrés físico o las enfermedades, por lo que dormir mal podría tener un impacto significativo en los trastornos metabólicos como la obesidad, la hipertensión y la diabetes tipo 2.

La razón por la que los trastornos metabólicos se ven tan afectados por los patrones de sueño parece deberse a que este influye en la capacidad del cuerpo para controlar el consumo de alimentos, metabolizar la fructosa y mantener un equilibrio de energía.

El problema principal es la resistencia a la insulina: cuando se priva de sueño, el cuerpo no hace el uso adecuado de la hormona que procesa el azúcar; lo mismo sucede con la leptina, hormona que le dice a su cerebro que ya no es necesario comer más, e igual ocurre con los niveles de grelina, una hormona que aumenta la sensación de hambre que causa que usted coma en exceso.

Dormir poco impacta sus niveles de hormonas tiroideas y de estrés, que a su vez afectan la memoria, el sistema inmunológico, el sistema cardiovascular, el metabolismo, acelera el envejecimiento, la aparición temprana de Alzheimer, la depresión y aumenta el riesgo de cáncer, además de que afecta negativamente en casos de Parkinson y esclerosis múltiple.