El surrealismo, un manifiesto para todas las artes y todos los imaginarios

El surrealismo, un manifiesto para todas las artes y todos los imaginarios

El surrealismo, un manifiesto para todas las artes y todos los imaginarios

La razón de ser del surrealismo fue la rebelión. La primera guerra mundial de 1914-1918 abrió al mundo el espectáculo mayor de todos los horrores

Después de ese conflicto que dejó profundas cicatrices los poetas Luis Aragón, Paul Eluard, Benjamín Peret, se reúnen para proponer la reconstrucción de un mundo “Buscando en un campo de ruinas nuevas razones para lograr nuevas ideas de la belleza”.

Es con ese vigor con esa fuerza que entramos en la búsqueda metafórica de la imagen poética y visual abierta al sueño, al ensueño y al azar. Las investigaciones poéticas e intelectuales del autor del Manifiesto surrealista André Bretón, ofrecen su asentamiento teórico, en ese primer Manifiesto, justamente, de 1924.

Los intelectuales, los pensadores, los filósofos organizaban tertulias, que eran auténticos laboratorios hasta la búsqueda del poema objeto y del espacio experimental. Con la escritura automática se alcanzaba la imagen surrealista que exalta la palabra, ahí estamos en la relación que se lleva de una palabra a otra buscando el lenguaje en su estado más bruto, en su estado de imagen antes que su estado de significado.

Antes de 1924 Reverdy escribía “la imagen es unas creación de la mente, no nace de comparaciones pero si del acercamiento de dos realidades visuales más o menos distantes y cuanto más distantes estén esas visiones ahí es cuando la imagen tomara más fuerza”.

Se podría alcanzar hasta la alucinación mental, con estas escrituras automáticas y con los sueños entramos con una exaltación también del lenguaje para regenerar la la visión poética. Bretón sigue buscando ese pasadizo hacia el punto mágico de la metáfora para que surja “lo maravilloso ´´frente al razonamiento de la razón pura”.

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Desde muy joven Breton adquirió un fetiche y esta anécdota es fundamental porque nos lleva al azar de los acontecimientos, un fetiche de la isla de Pascua que fue “su primer objeto salvaje que habrá poseído nunca” y con su amigo el escultor Giacometti fue al mercado de las pulgas de Paris a buscar más objetos y confesaba que le atraían como imanes por el potencial de vida anímica que cada objeto encierra más allá de su utilidad. El objeto es como la palabra, vierte hacia el decir porque vemos un objeto y desata en nosotros la palabra y cuando el alma del artista vierte hacia un objeto ahí es cuando surge su potencial imaginario.

Pues así como el lenguaje se desata en su fuerza intrínseca con un poder casi mágico, el objeto se anima, el objeto ofrece una invitación al sueño, el lenguaje también puede ir más allá de la palabra; Bretón no se encerraba en hermetismos y caminaba hacia la combinación de una gran diversidad de medios, sacaba consecuencias de la interioridad del lenguaje, se ponía en relación con la vista.

Con el entramos en una época estética donde la fotografía y el cine con la pintura marcaron el principio de un nuevo reino de la imagen. No es que Bretón rechazara la realidad, no, Breton rechazaba la banalidad de la instrumentación, la banalidad de la utilidad.

Finalmente, la mirada surrealista consiste en encontrar percepciones entre lo real y el imaginario, es el surrealismo una intuición de lo imaginario, es una revolución de la apariencia y Bretón desde joven aplicó el ensamblaje para romper la banalidad del objeto real, trataba de romper la banalidad y encontrar las emociones suscitadas por la belleza, por el objeto de la palabra para el poeta, para darle a objetos inútiles todo el sentido del encanto. Para los surrealistas el objeto es multifacético para la imaginación con dimensiones interpretativas imparables que combinan la fuerza poética del verbo, así como la plástica que se convierte en una necesidad de belleza en exaltaciones recíprocas, palabras y trazos.

“El surrealismo y la pintura´´ fue un un ensayo de Bretón y ahí mismo nos destapa la belleza de la imagen con esta declaración insurgente y revolucionaria,´´ Veo , Imagino´´.

Para los surrealistas un poema, un objeto está en el mismo marco, un´´ poema objeto´´ se contempla y a la vez se lee. Que extraño ese anuncio de Octavio Paz,´´ poemas nulos y objetos parlantes´´, porque los poemas reproducidos en ese eslogan “Veo entonces imagino” no se leen de inmediato, se ven, los objetos no se limitan a llenar una función llana de representación ellos excitan las palabras y la imaginación, el marco en el cual se instala el poema objeto, no es el de la página del texto, el marco, es el de la tela.

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La obra es primero espectáculo que se ofrece a la mirada y a lo más fuerte de su poder .cuando se contempla, cuando vamos más allá de esta fase entusiasta y hace que el ojo espectador aceche las palabras y los versos .

La imaginación pura es la dueña de lo que día a día ella misma se apropia. Así es como artistas que fueron admirados como Bretón y Miró puedan ejecutar entre elementos de apariencia inmutable las condiciones de un equilibrio conmovedor. Podría el lector pretender usar de su fantasía para desviar los lazos, difícilmente perceptible entre los objetos, es ahora cuando, así como lo dijo André Bretón en sus manifiestos del surrealismo que la imaginación por fin puede apoderarse de sus derechos.

La imaginación nos lleva al poema- objeto como reflejo del modelo interior del poeta.entonces como conocer la subjetividad; ya en principios de Nadja había esta frase de Bretón ´´¿Quién soy?´´. Y, abriéndonos a sus grandes textos el autor define lo que hace su diferenciación, nos da analogías tejidas entre escrituras y poemas, analogías que se imponen como el espejo de su modelo interior impenetrable.

En “El surrealismo y la pintura” vemos muy claramente lo que quiere decir Bretón por” ver´´ pero nos enuncia también los verbos sensoriales fundamentales para el ejercicio surrealista, ver, oír, tocar, probar, sentir, no se pueden conjugar como los demás, ahí es que frente a esta necesidad de todos estos verbos surge el reconocimiento de la imaginación.

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