El tercer punto (final)

karina

La grandeza del tercerpunto, queune al uno con el dos, semuestra en todaslascosmogonías. Para los cristianos, Dios es uno en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para los budistas, es la Triple Joya o Triratna: Budha, Dharma y Sangha. En el Egipto ancestral, el triángulodivinoestáformado por Isis, Osiris y Orus. En elhinduismo, la trinidad se expresacomo Brahma, Vishnu y Shiva, quesimbolizan el aspectoproductor, conservador y transformador de la creación.

El númerotresestápreñado de simbolismosfundamentales.Expresael ordenespiritual de Dios, la Creación y suscriaturas.Sintetiza la trinidad del ser, producto de launión del cielo y la tierra, representael frutoque surge cuando lo masculino y lo femenino se reunenparaser Uno, comofue en el principio.

En algunasrepresentaciones, Dios se figuracomo un triángulo con un ojo en el centro. Este ojoquetodo lo ve, es el símbolo de esasíntesistrinaquesupone el terceraspecto,quenace de la unión de la fuerza material con el poderespiritual.

Las ConstelacionesFamiliaresmuestranque la relación con lospadres es el molde original, del cual sacamos copias para que otras relaciones surgan. El vínculo primario en toda relación es Padre-Madre-Hijo. La interiorización que hacemos de esta unión delimita las imágenes internas, que dicen cómo es y cómo tiene que ser la pareja.

La vida es el regalo más grande que podemos recibir. Cuando comparamos la pareja con la grandeza de la relación que nos dió origen, estamos condenados forzosamente al desengaño. Al cabo de un tiempo, las imágenes internas que tenemos dejan de cuadrar. Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares, dice que pasada la desilusión, es cuando el verdadero amor puede empezar.

Él llama a este fenómeno “amor a segunda vista”. Aunque tampoco ese es el último vistazo: detrás de la segunda vista se esconden aún muchas más.Nadie conoce más nuestras heridas que la persona que comparte nuestra intimidad. Alejandro Jodorowsky dice que tener pareja es vivir en terapia, y todos los que hemos recibido -o damos- algún tipo de tratamiento, sabemos lo complejo que es el proceso.

La Kabbalah me permitió comprender un poco más de dónde surge la dificultad para encontrar a la pareja idónea. En las palabras del Zóhar, libro sagrado del judaísmo, nuestro encuentro con la pareja que nos retorna al Uno, es tan difícil para El Santísimo, como la división del Mar Rojo. Tal vez, te preguntarás como lo hice yo: ¿Qué puede ser difícil paraDios? ¿Cuál fue la complicación para El Creador en la división del Mar Rojo?

¿Pudo ser díficil para El Señor la división del Mar Rojo? ¡Claro que no! La Torá cuenta que después de haber salido de Egipto, los israelitas estaban de pie frente a las aguas del mar. Los egipcios venían detrás de ellos y los habían acorralado con animales salvajes. No había escape posible.

Entonces, el pueblo le dijo a Moisés que le pidiera ayuda al Creador, quien respondió: “¿Por qué me lloras a Mí? Dile al pueblo que sigan adelante” (Éxodo 14:15). Cuando Moisés levantó su vara ocurrió un gran milagro: el Mar Rojo se dividió, los israelitas cruzaron pisando tierra seca, y cuando los egipcios los siguieron el mar se volvió a cerrar, ahogándolos.

La Biblia dice que el Creador dijo: El trabajo de mis manos se está ahogando en el mar, ¿y ustedes me alaban? Dios nos mira a todos con el mismo amor. Para Él no hay “buenos” y “malos”. Todo lo que ocurre es parte de los propósitos de Adonay, desde antes de la Creación.

La historia es para enseñarnos que la dificultad surge en nuestras vidas cuando juzgamos. Dios es Amor. El Amor incluye, permitiéndonos re-unirlo que separamos por el juicio. Cuando los israelitas actuaron con el mismo egoísmo que los egipcios, fue “difícil” para el Creador elegirlos para permitirles vivir, mientras los egipcios morían.

Del mismo modo, la dificultad de la pareja reside en nuestra tendencia a desunirnos. La vida física es el territorio de dominio del ego. La fuerza del ego es la separación. Cada vez que hay una ruptura de pareja, al menos uno pierde (cuando no ambos).

El Zóhar dice que ésta es la razón por la que la relación de pareja es tan difícil para Dios: igual que en la división del Mar Rojo, debe mirar a uno en detrimento del otro. El sentido de la pareja no es “la salvación”, sino el encuentro.

El psicodramaturgo argentino Jorge Bucay dice que está mejor expresado decir “los encuentros”:

  • Yo conmigo. Tú contigo.
  • Yo contigo. Tú conmigo.
  • Nosotros, con el mundo.

El dolor nos separa de Dios, la alegría nos acerca a Él. Cada relación (especialmente la pareja), nos permite mirar las áreas no sanadas que nos hace doloroso el encuentro con el otro. Una clave para ver dónde inició todo es mirar la perfección del plan divino, en la triada padre-madre-hijo. Luego, utiliza la fuerza que tomas de tu origen para fortalecer la nueva triada: la pareja-tú-el tercer punto que los une.

La dimensión espiritual es el territorio del Amor.¿Conoces algo más espiritual que dar vida a algo o a alguien? El tercer punto es la vía para trascender el propio amor, y el amor que tenemos al otro, y alcanzar la grandeza. ¡El Amor TODO lo ve bueno!