El tercer punto

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“Siempre que la Belleza mira,

el Amor también está allí;

siempre que la belleza muestre una mejilla sonrosada

el amor enciende su fuego con esa llama”.

Rumi

El punto culminante del crecimiento es la relación de pareja. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, como un todo. Pero como humanidad, nos hizo hombre y mujer. De tal manera que la imagen entera del ser humano se cumple cuando lo masculino se encuentra con lo femenino, y viceversa. La pareja representa el gran sueño de felicidad, y al mismo tiempo, es el mayor reto de la existencia.

Tal vez, el origen de esto descansa en el hecho de que la relación de pareja sirve a la vida. Por vía de la mezcla con otro, la vida expresa su propósito: la unión. En otras palabras, la imagen de Dios respecto a nosotros culmina en la relación de pareja.

En los últimos días, ciertas preguntas han rondado afanosamente mi cabeza: ¿Qué fuerza mueve a un hombre hacia una mujer? ¿Qué energía determina si quedarán unidos o separados? La semana pasada, hablando con unos amigos les decía que gran parte de la crisis en la pareja viene de haberse centrado en sí misma. A partir de eso, se generó un debate entre nosotros.

Creo que la individualidad y libertad terminan quitándole vida a la pareja. En sociedades donde se mira al Gran Espíritu (que nos mira a todos)más que al yo, la pareja permanece para servirle a Él, y a la vida que nos brinda. Asi, en las culturas donde las parejas sirven a la comunidad, en vez de al individuo, las uniones son más estables, duraderas y sanas. La pareja pertenece a la sociedad, y a cambio, la sociedad cuida a la pareja.

¿Es eso lo que está corriendo hoy día? ¡Claro que no! La mayoría de las uniones están tan sumidas en el afán productivo que les permite tener cosas,que se han quedado sin tiempo para pasar domingos con la familia de origen, ir al cine o a cenar con sus amigos, visitar a los parientes que viven en provincias, hacer servicio en la iglesia o en la comunidad, entre otras actividades colectivas.

Para que las relaciones prosperen, es menester que las veamos de otra manera; como una serie de oportunidades para ampliar nuestra consciencia,

descubrir una verdad más profunda y volvernos humanos en un sentido más pleno. Sin servicio no hay plenitud. En todos los años que llevo en la terapia, no he encontrado a alguien que se sienta colmado sirviéndose solo a si mismo, y a su grupo pequeño. Por definición, la plenitud es expansiva.

Hablando por teléfono con un amigo que conoció a una mujer, él me decía que parte de lo que le atrae de ella es la gente linda que la acompaña. Eso, y el comentario de una mujer que después de muchos años de estar sola me dijo: “Ahora he conocido a alguien que me gusta, y creo que es porque pude bajar mis defensas, ya que me lo presentó un amigo muy querido”, me guiaron de nuevo al cuestionamiento de qué sostiene a la pareja.

La historia la encontramos en la narración másantigua: el genesis, el documento yahvista del Pentateuco. Alli se dice que en el inicio fue el caos, el vacío, el “cero”. Entonces Dios dijo que se hiciera la Luz, y ella se hizo para representar el poder masculino del “uno”. Luz, conocimiento, voluntad, dirección, energía, orden y liderazgo son atributos del Padre.

La materia que recibe la luz es la parte receptiva, y representa la contención amorosa que describe la vibración del “dos”. El dos es lo femenino (la madre), que se distingue por su fuerza para contener, nutrir, sanar, restaurar, unir y vincular.

La creación es un relato codificado numéricamente. El génesis es una narración arquetípica que muestra las energías primarias que dan origen a todo.Simbólicamente, el uno se muestra en el punto que surge en un espacio vacío. Es la fuerza de lo primero.

Pero, ¿Qué sentido tendría el punto sin otro punto en quien verse y encontrarse? Así, lo femenino es otro punto déntico en valor al uno, pero diferente en función. Como ha sido creado para contener la Luz, el punto que personifca a lo femenino es pasivo. Su valor está en poder influenciar hacia la acción a lo masculino. Cuando lo logra, los dos puntos se unen y surge la primera “pareja”, representada por una línea recta.

Te confieso que ver la vida de este modo me ha ayudado mucho a tener una mejor comprensión de los roles masculinos y feneninos. El crecimiento es siempre un movimiento que se da cuando alguien-o algo-va hacia otro,que se abre y lo recibe. La persona que crece,toma algo del exterior y lo incorpora en ella. Crecemos cuando renunciamos al sentimiento íntimo de soledad, para tomar algo que nos era ajeno.Para ello, debo reconocer que afuera hay algo queme hace falta.

Al inicio de la relación de pareja, los sentidos físicos tienen un gran rol para que el hombre y la mujer se miren. Sin embargo, esto dura poco. ¡Somos más que materia! La función de aquello que capta nuestra atención,para que nos fijemos en el otro, sólo sirve para lograr que la atracción surja.

El desafío llega cuando juntos tenemos que sentirnos atraídos a mirar hacia otra cosa, algo que va más allá de la relación misma, y nos permite ir en una dirección más amplia. Cuando ambos se mueven hacia el tercer punto surge el triángulo, la figura que abarca las tres dimensiones: ancho, largo y profundidad. Entonces, la pareja se siente colmada.

El filósofo griego Pitágoras dijo: “El Triángulo es la clave de la geometría. Es el producto de la unión del cielo y de la tierra, la suma del uno y del dos.Representa la divina proporción que sintetiza la trinidad del ser”.En algunos casos, este tercer punto son los hijos. Cuando recordamos que lo primero es la pareja, los hijos vienen a colmar la relación.

El triángulo es necesario para que el vínculo del uno con el dos cumpla su sentido. El tercer punto también puede ser encarnado por los vástagos intelectuales: un proyecto, una misión, o un servicio. Pero, ¿quién dijo que los retoños facilitan la relación de pareja? Como dice el proverbio inglés: “Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a los padres; cuando son mayores, los enloquecen”.

¿Será que para estar con otro debemos ser tontos y/o locos?

Continuará…