El Titanic de la campaña antichina

El Titanic de la campaña antichina

EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Como artificio propagandístico construido sobre manipulaciones la campaña contra China, centrada en el “escape” viral del laboratorio de Wuhan, a la deriva desde un inicio, ha comenzado a hundirse. La maquinación es tan burda que ha empezado a “hacer agua”.

Los servicios de inteligencia son instrumentos de los gobiernos. ¿Por qué no pedirles a científicos la investigación? Dos de tres órganos de inteligencia habían dicho que no hubo “escape”, dijo Biden. ¿Qué más podían decirle después de 90 días, poner al presidente en ridículo? La inteligencia hizo lo único que podía hacer como instrumento político: mantener la duda donde para la ciencia no hay duda racional.

Ante tanto dolor y sufrimiento necesitaban ofrecer a la sociedad norteamericana un reo geopolíticamente conveniente para encubrir las brutales responsabilidades internas. El principal responsable es Trump, peligroso adversario, pero estadounidense, hay que protegerlo. ¿Están borradas las neuronas con la grabación de Trump reconociendo que sí sabía el peligro pero no lo dijo para evitar “pánico”? No solo no “dijo” sino que no “hizo” nada. ¿China lo amordazó y lo amarró?

Beijing ha recibido dos misiones internacionales, la primera en plena efervescencia del brote y otra hace unos meses y los científicos prepararon su informe en Ginebra lejos de la “vigilancia” y “presión” china y sus conclusiones son conocidas. Washington no quiere recibir una misión a investigar casos sospechosos alrededor de Fort Detrick.

¿Por qué? Hoy por hoy, EEUU es culpable de politizar el tema, de no ser transparente y de negarse a contribuir a esclarecer la verdad. China no manipula, no ha inventado la información de prensa y oficial de EEUU, pide transparencia para conocer la verdad. La dirección de la OMS ha decidido compartir la politización del problema y mantener riesgos futuros. Organización imprescindible, pero errática ante la pandemia.

EEUU primero alegó que el virus fue creado en laboratorio, por supuesto chino (aunque al menos uno estadounidense ha trabajado con coronavirus); se descartó porque la ciencia demostró contundentemente era imposible producirlo artificialmente. Recurrieron entonces al “escape” del laboratorio, criterio que ha “hecho agua” por culpa de la ciencia y la “inteligencia”.

Retoman ahora, nuevamente, que China “ocultó información”, pretendiendo ignorar que antes de que la pandemia estallase Beijing informó de sus muertos y la transmisión persona a persona. El mundo sí sabe quiénes ocultaron información y tienen responsabilidad en la muerte de cientos de miles de personas. Seamos objetivos; dejemos ingenuidades maliciosas.

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