El totalitarismo

DIÓMEDES MERCEDES
Este fenómeno supera en la actualidad todo cuanto antes fuera considerado como tal en cualquier época, régimen y lugar, uniformando la psiquis de las personas; anulándoles la voluntad colectivamente, haciéndoles a ellas mismas absolutistas en sus relaciones con los demás. ¿Qué nos pasa?

Estamos ante una crisis existencial de origen político que debemos saber afrontar.

El precedente más conocido y el universalmente más repudiado el Nacional Socialismo alemán, ha servido de modelo a los aparatos que hoy culminan la visión ideológica Hitleriana, superándola tras revisarle especialmente en los siguientes campos:

a)En la globalización del dominio político

b) En los controles macro-económicos sociales y culturales

c) En la concentración de los frutos económicos y políticos del sistema imperial operante

d) En el uso sistemático de la ilegalidad, la represión, el terror, la violencia, la tortura y la guerra para el despojo y como medio de doblegar a las víctimas que han de inmobilizarse ante las agresiones de la “democracia”.

e) En el uso monopólico abusivo de los medios de comunicación e información, manipulando ésta, ocultando el conocimiento de la verdad, mintiendo, creando una psicosis colectiva que ha establecido mundialmente una cultura conformista, involutiva, decadente y escapista que tiene como base al miedo y a la impotencia.

f) En organizar al mundo y dirigirlo sin preceptos éticos, deshumanizándolo, rigiéndolo con una burocracia internacional y local, formada para considerarlo todo a la luz de sus intereses en el mercado. Y etc.

El totalitarismo hoy es más, mucho más que militarismo y autoritarismo aunque lo contenga. Se definiría por incluir o abarcar la suma de todas las partes y atributos del sistema, sin merma de cualquiera de ellas. Es una malla de acero sin perforación, esencia de los regímenes despóticos o no democráticos en los que poderes ejecutivos, legislativos, judiciales y las fuerzas públicas están concentradas en un número de dirigentes y clanes económicos civiles (religiosos, financieros, académicos, de inteligencia) que subordinan en sus decisiones y actos de violación, a la justicia, a la legalidad y los derechos de la persona humana, a la razón de Estado, que es la de sus propios intereses en porfía con los derechos y libertades democráticas sociales e individuales.

Copar todos los espacios de ejercicio del poder para asegurarse lo absoluto de su uso en cuanto le sea necesario contra cualquiera, le es instintivo y útil para encubrir sus actos delictivos, darle legitimidad a éstos con el continuismo de su arbitrariedad; poniendo a pagar a los contribuyentes estafados y reprimidos, los gastos del Estado que solo a ellos representa en naciones sin soberanía que los mandarines han de gobernar a sangre, malicia y fuego.

¿Cuál estrategia política considera el lector nos permitirá hacerle el vacío al totalitarismo? ¿Cómo sacarlo del poder sin incurrir en los hechos en el establecimiento de nuevos totalitarismos? Opinamos que la clave está en el ejercicio pleno de la soberanía democrática por los ciudadanos, para lo que la Constituyente -todo el poder a todo el pueblo- legisle y controle a los detentadores del poder según la Ley máxima, la Constitución. Esta es la revolución democrática que habría de servir de muralla y resistencia pacífica de la ciudadanía contra este proceso que amenaza plenamente el desarrollo humano y lo supedita a un desarrollo económico en el que sólo participamos en la fase del trabajo productivo y sus empleos donde se nos explota como asalariados.

El asalto al poder de una parte de la población para desalojar a esta otra, que algunos entienden por revolución, no es el remedio al totalitarismo, pues lo repite; y estas “revoluciones” suelen ser muy carnívoras e impredecibles.

Nadie sabe tras de cada acto suyo lo que vendrá después y en ese estrés, no hay condiciones ni libertad para la creatividad, ni paz para la transformación y la concentración social en su obra revolucionaria.