El transporte otra vez

JOSÉ LOIS MALKUN
La crisis del transporte se torna cada día más difícil en República Dominicana. Y se le sigue echando leña al fuego. Por un lado, los dirigentes gremiales del transporte público son continuamente satanizados y hasta el Cardenal declaró recientemente que deben ser sometidos a la Justicia por algo en que no está claro si tuvieron directa participación.

Por otro lado, hay razones para creer que los dirigentes del transporte han abusado de sus privilegios y le han sacado muchos beneficios a sus posiciones dirigenciales, en contubernio con los gobiernos de turno.

Eso no implica que sus demandas no sean justas y razonables. Pero esto último es lo menos importante. No se piensa en el hombre o mujer que está en la calle manejando un medio de transporte público 12 ó 15 horas al día, que no es financieramente sostenible. Esas personas tienen sus días contados salvo que no se le busque una solución al problema de la tarifa.

La atención se centra en los dirigentes. En su trayectoria. En como han utilizado las huelgas y amenazas de huelga para presionar a los Gobiernos y sacarle provecho personal. Pero sin entrar en una discusión seria y transparente del problema del transporte. En buscarle una solución técnica y financieramente viable. Eso nunca es materia de discusión.

¿Pero que sucede en este momento? Que el Gobierno, amparándose en ese cuestionamiento a la moralidad gremial, inicia una persecución indiscriminada contra sus dirigentes, mientras crea otro sindicato de choferes para enfrentar un posible paro del transporte. Esos nuevos dirigentes pro gobierno, recibirán toda clase de prebendas, como ha sucedido en el pasado, para neutralizar a los que quieren joder la paciencia.

El clásico método populista de siempre. Mientras tanto, el problema del transporte sigue latente y empeorando. Y si ese trata de los autobuses de la OMSA la cosa es peor. Porque lo que sucede ahí es mil veces más grave que lo que ha sucedido con los gremios del transporte público privado. Su única ventaja es que no hacen amenazas de huelga y como todo se maneja desde el Gobierno, jamás se hacen públicas las atrocidades que se cometen en la administración de ese servicio.

En un artículo publicado 20 de julio del 2006, en este mismo medio me refería a la situación de la OMSA en estos términos: “En realidad el transporte público se subsidia en casi todas partes del mundo. Pero una cosa es subsidiar y otra cosa es financiar las fechorías que se cometen con este servicio, tanto con el manejo de los cobros como en el robo de piezas y la falta de mantenimiento. Por eso cuando el Gobierno compra autobuses nuevos, antes del año ya muchos están inservibles. No hay presuntos en el mundo que pueda sostener ese desorden”.

También creo que es un dinero botado el financiarle con recursos públicos vehículos a los sindicatos. Es un chantaje cruzado entre el Gobierno de turno y los transportistas, porque si a algo le temen los políticos es a las huelgas de transporte. Los famosos pollitos del Gobierno anterior del PLD, que se repitió con su sello en el Gobierno pasado, es la mejor forma de contribuir al dispendio y a la vagamundería institucionalizada. Porque el Gobierno sabe que nunca recuperará esos recursos y los sindicatos saben que nunca pagarán el total de su deuda. Las pérdidas para el fisco son inmensas. Ahora vuelve a repetirse la misma historia y quien sabe cuanto dinero le costará al Gobierno ese nuevo gremio rompehuelgas.

Quiero darles un dato final a los lectores. Si sumamos lo que el fisco pierde financiándoles vehículos a los sindicatos, los cuantiosos fondos que se le asignan a la OMSA y lo que cuesta el subsidio al gas licuado a los vehículos, tendríamos suficientes recursos para lograr un fuerte ahorro fiscal y financiar el equipamiento y eficientización del sistema público de transporte, incluyendo la cobertura del subsidio. Pero introduciéndole un gran cambio. Y es que este servicio esté administrado por una empresa privada y sometida a los más estrictos controles, entre ellos la entrada y salida de pasajeros.

Si muchos países del tercer mundo lo han logrado por esa vía, porque nosotros tenemos que seguir el camino más costoso y corrupto, el más infernal para el usuario y el único que permite justificar toda clase de fechorías.

Pero no hay esperanzas de que las cosas cambien.