El “trátame bien” en la agenda pública

José Miguel Gómez

Una familia, una pareja, una empresa, un grupo organizado, tiene un propósito, vive con unas metas, unos objetivos y una esperanza de ver cambiar sus necesidades existenciales.
Las sociedades organizadas que previenen, ejecutan políticas públicas hacia el bienestar social y el derecho de hacer felices a sus ciudadanos; trabajan indicadores sostenibles que garanticen la convivencia pacífica bajo la cultura del buen trato.
Nuestro país parece una sociedad que no avanza en ciudadanía responsable, en cultura socializada del buen trato, de paz y de derechos, hacia la tolerancia y el respeto por las demás personas. Por cualquier diferencia se le quita la vida a una persona, en cientos de familias hay riesgos y conductas violentas, siendo las mujeres y los niños los más perjudicados.
En la escuela, se abusa y se maltratan amigos, se amenazan profesores, se intimida a grupos y se practica la cultura de los malos tratos, de la inseguridad, la intolerancia y los riesgos psicosociales.
Socializamos y convivimos con personas que son intolerantes, que frente a las diferencias responden con amenazas, intimidaciones, agresiones o violencia con armas, y hasta resuelven cualquier desavenencia con el sicariato.
Hoy nos sentimos inseguros en la familia, la escuela, la iglesia, en el barrio, en la carretera, en el parque, en el banco, en la oficina, en el trabajo, en el partido y en las calles. El riesgo es individual y social, es desigual y tiene blancos específicos de quienes son más vulnerables.
Por otro lado, tenemos una ciudadanía menos comprometida, más indiferente e irresponsable de su propia existencia y de la protección a los ciudadanos. Y, ni hablar, del cuidado al medio ambiente, de los recursos agotables, de los servicios ciudadanos para que sean de calidad y con calidez, de ofrecer lo mejor de sí como profesional o como técnico, para agregarle más humanismo y más ética a lo que hacemos.
Lamentablemente lo que se socializa es una tendencia de un ciudadano individualista y egocentrista, que busca su propio bienestar y su propia felicidad, que viola derechos básicos, trasgrede las normas, compra sus delitos y juega al éxito de una sociedad sin consecuencia y sin capacidad de asombro.
Ahora “na es na”, “a cualquiera le pasa”, “aquí todo se ha visto”; desde orinarse en la vía pública detrás de yipeta del año, exhibir una pistola para dar la sensación de miedo y poner distancia, o de sobornar a cualquiera para tapar una falta o comprar el silencio.
Literalmente, no existe en la agenda pública ni privada, los indicadores del país que nos merecemos y el que deseamos visualizar ante el mundo global a través de servicios seguros y de alta calidad, de derechos y normas, de un ciudadano más educado, más tolerante, de mayor disenso y de más cultura del trátame bien y del buen trato.
El trátame bien es tarea y agenda pendiente; vivimos y practicamos un estilo de vida riesgoso, de apatía y de indiferencia; de combate y de sobrevivencia en cualquiera de los terrenos. Si no se desarrolla la piel dura y no realizamos los grandes esfuerzos para que no te dañen o te desensibilicen o te deshumanicen; de seguro que vamos a la ruptura de la reciprocidad, la solidaridad y el altruismo.
En la agenda pública y privada, los sectores sensibilizados en convivencia pacífica, cultura del buen trato, de paz, de tolerancia y de humanización en los servicios básicos deben de aplicarlo de forma urgente.
La mejor inversión y el mejor crecimiento es cuando se le sirve al ser humano, en su educación, su bienestar, su riqueza humana, sus valores, sus derechos y deberes, su responsabilidad y su compromiso con su sociedad y su país. Que se ponga en la agenda pública y privada las políticas del trátame bien.